sábado, 29 de abril de 2017

Cinco primeros Sàbados


Lucía, vidente de Fátima, era postulante en el Convento de las Doroteas en Pontevedra, España
cuando tiene una aparición de la Virgen sobre una nube de luz, con el Niño Jesús a su lado. La Santísima Virgen puso su mano sobre el hombro de Lucía, mientras en la otra sostenía su corazón rodeado de espinas. El Niño le dijo: "Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie que haga un acto de reparación para sacárselas."

Inmediatamente dijo Nuestra Señora a Lucía:"Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación"

Lucía le habló (a Jesús) de la confesión para los primeros sábados y preguntó si valía hacerla en los ocho días. Jesús contestó: "Sí; todavía con más tiempo, con tal que me reciban en estado de gracia y tengan intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de María". La intención de hacer esta reparación al Inmaculado Corazón de María puede ponerse al principio.

¿Por qué 5 Sábados?

Después de haber estado Lucía en oración, Nuestro Señor le reveló la razón de los 5 sábados de
reparación: "Hija mía, la razón es sencilla: se trata de 5 clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María:
1- Blasfemias contra su Inmaculada Concepción.
2- Contra su virginidad.
3- Contra su Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los
hombres.
4- Contra los que procuran públicamente infundir en los corazones de los niños, la
indiferencia, el desprecio y hasta el odio hacia la Madre Inmaculada.
5- Contra los que la ultrajan directamente en sus sagradas imágenes.”

"He aquí hija mía, por que ante este Inmaculado Corazón ultrajado, se movió mi
misericordia a pedir esta pequeña reparación, y, en atención a Ella, a conceder
el perdón a las almas que tuvieran la desgracia de ofender a mi Madre. En cuanto
a ti procura incesantemente con tus oraciones y sacrificios moverme a
misericordia para con esas almas".

viernes, 28 de abril de 2017

La única Religión verdadera



¨Cuando salía victoriosa de la guerra exterior del paganismo y vencía la prueba de feroces persecuciones, la Iglesia de Jesucristo, salteada por enemigos interiores, entraba en la guerra intestina, mucho más terrible. Guerra prolija y dolorosa, que empeñada y atizada por malos cristianos, hijos suyos degenerados, no ha llegado aún a su termino, pero de la cual saldrá la Iglesia triunfadora, conforme a la palabra infalible de su divino Fundador a su primer Vicario en la tierra, el apóstol San Pedro: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. (Mateo XVI, 18.)¨ ( CMSPX, III Part.)

"Desde entonces acá, no ha cesado el espíritu de las tinieblas en sus ponzoñosos ataques contra la Iglesia y las divinas verdades de que es depositaria indefectible; y suscitando constantemente nuevas herejías, ha ido atentando uno tras otro contra todos los dogmas de la cristiana religión." ( CMSPX, III Part.)

Con estos párrafos, el Papa San Pío X, en su Catecismo Mayor, explicaba con sencillés y claridad, la realidad de las desviaciones doctrinales, que a lo largo de los siglos han aquejado a la Madre Iglesia.

En estos tiempos, hablar de las herejías, suena arcaico. De hecho este tema, ha quedado en la práctica, relegado al ámbito de estudio de la Historia. Niños y jóvenes, rara vez escucharan algo sobre ellas, al tomar las clases de catecismo. Del mismo modo, los fieles en general, habrán de notar la ausencia de este tema en los sermones.

¿Serán realmente las herejías, y las desviaciones doctrinales, cosa del pasado? ¿Será que ya los cristianos no corren el riesgo de ser seducidos por falsos pastores y pensamientos errados?

Haciendo un breve resumen, el Catecismo Mayor, enunciaba las herejías más importantes, que atacaron la Verdad desde los inicios del cristianismo.

" Entre otras, han sido tristemente famosas las herejías de Sabelio, que impugnó el dogma de la Santísima Trinidad; de Manes, que negó la Unidad de Dios y admitió en el hombre dos almas; de Arrio, que no quiso reconocer la divinidad de nuestro Señor Jesucristo; de Nestorio, que rehusó a la Santísima Virgen la excelsa dignidad de Madre de Dios y distinguió en Jesucristo dos personas; de Eutiques, que en Jesucristo no admitió más que una naturaleza; de Macedonio, que combatió la divinidad del Espíritu Santo; de Pelagio que atacó el dogma del pecado original y de la necesidad de la gracia; de los Iconoclastas, que rechazaron el culto de las Sagradas Imágenes y de las Reliquias de los Santos; de Berengario, que se opuso a la presencia real de nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento; de Juan Hus, que negó el primado de San Pedro y del Romano Pontífice, y finalmente la gran herejía del Protestantismo (siglo XVI), forjada y propagada principalmente por Lutero y Calvino. Estos novadores, con rechazar la Tradición divina, reduciendo toda la revelación a la Sagrada Escritura, y con sustraer la misma Sagrada Escritura al legítimo magisterio de la Iglesia para entregarla insensatamente á la libre interpretación del espíritu privado, demolieron todos los fundamentos de la fe, expusieron los Libros Santos a las profanaciones de la presunción y de la ignorancia y abrieron la puerta a todos los errores." (CMSPX, III Part.)

La Reforma, se extendió con rapidéz en los siglos XVI y XVII, entre los pueblos germanos, sajones y eslavos. No sucedió así entre los latinos, que conservaron casi totalmente su fidelidad al catolicismo.

Hasta hace no muchos años, resultaba poco común encontrar en Hispanoamérica cristianos de la Reforma. Los pocos que aquí habitaban, tenían en su mayoría, ascendencia sajona o eslava, y representaban una pequeña parte de la población. Lazos familiares y tradiciones nacionales, eran el fundamento de su pertenencia al Protestantismo.

La situación actual es muy diferente, ya que los fieles de los cultos protestantes son en su mayoría de ascendencia latina, conversos del catolicismo. Del mismo modo, hay que agregar, que estos cultos no son ya el Anglicanismo o el Luteranismo, por ejemplo, sino una infinita variedad de denominaciones que se fueron separando de la Reforma primitiva.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña en su apartado 818: ¨Los que nacen hoy en las comunidades surgidas de tales rupturas "y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia católica los abraza con respeto y amor fraternos... justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en el Señor" (Unitatis Redintegratio, 3).¨

Es de notar, que el Catecismo hace referencia a ¨los que nacen hoy en comunidades surgidas de tales rupturas¨. Se ve con claridad que se está hablando de aquellas personas que por herencia, y tradición familiar, han adherido por generaciones a la Reforma. Nótese, que el texto no se refiere a los católicos que se unen al Protestantismo, abandonando la Iglesia. Estos han incurrido en el pecado de apostasía, al abjurar de la Religión Verdadera, y por tanto no pueden ser justificados como quienes no han nacido en el seno de la Iglesia Católica.

Sin embargo, con respecto a unos y otros, el decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita: "Solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de la salvación, puede conseguirse la plenitud total de los medios salvíficos. Creemos que el Señor entregó todos los bienes de la Nueva Alianza a un solo colegio apostólico, a saber, el que preside Pedro, para constituir un solo Cuerpo de Cristo en la tierra, al que tienen que incorporarse totalmente todos los que de alguna manera pertenecen ya al Pueblo de Dios."

Por tanto, nada ha cambiado desde que se pronunció aquella sentencia, repetida en el Catecismo : ¨Fuera de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, nadie puede salvarse, como nadie pudo salvarse del diluvio fuera del arca de Noé, que era figura de esta Iglesia¨. ( CMSPX)

Esta verdad de fe tan básica, ha sido silenciada, por acción u omisión. He aquí el motivo del alejamiento de tantos fieles. El secularismo y el modernismo, frutos de la Reforma, fueron extendiéndose poco a poco, dentro del catolicismo, provocando no solo la apostasía formal de muchos católicos, sino otra mucho peor, definida por Juan Pablo II como una ¨apostasía silenciosa".

Esta última, altera la identidad católica, incorporando al catolicismo pensamientos, principios, y costumbres propios de la Reforma. De allí provienen por ejemplo, la desobediencia al Romano Pontífice, el abandono de la confesión sacramental, el menosprecio de la liturgia o el secularismo de clérigos y religiosos.

"Con todo, el espíritu protestante, que es espíritu de desaforada libertad y de oposición a toda autoridad, no dejó de difundirse, y se alzaron muchos hombres que, hinchados con una ciencia vana y orgullosa o enseñoreados de la ambición y del interés, no dudaron en forjar o dar aliento a teorías trastornadoras de la fe, de la moral y de toda autoridad divina y humana. " ( CMSPX )

¿No es acaso este ¨espíritu protestante¨ al que se refería San Pío X, lo mismo que el ¨relativismo¨ del que habla Benedicto XVI? Simplemente parecen haber cambiado las palabras para titular un mismo mal que se levanta en contra de la Verdad.

El entonces Cardenal Ratzinger, afirmaba en 1996: "El relativismo se ha convertido en el problema central de la fe en la hora actual. " (Conferencia en el encuentro de presidentes de comisiones episcopales de América Latina para la doctrina de la fe, celebrado en Guadalajara, Mexico). En 2006, siendo ya Sumo Pontífice, se expresaba así, en la Misa celebrada en Varsovia: " Como en los siglos pasados, también hoy hay personas o instituciones que haciendo caso omiso de la tradición de la Iglesia pretenden falsificar la palabra de Cristo y erradicar del Evangelio la verdad, que consideran demasiado incómoda para el hombre moderno. Se intenta dar la impresión de que todo es relativo y que la verdad de la fe depende de la situación histórica y de la valoración humana. Pero la Iglesia no puede hacer callar el Espíritu de la verdad.”

Así es como los falsos pastores confunden a tantas almas, con ideas propias, ocultando la tradición y la doctrina de la Iglesia. Esto resulta aún más terrible, siendo que muchas veces, la inducción a doctrinas extrañas a la Fe, se produce gracias a la omisión voluntaria y deliberada de aquellos que deberían ser maestros de Verdad.

Merced a la ausencia de una auténtica y consistente catequesis y al empobrecimiento de los medios de formación, no será difícil encontrar hoy entre los fieles católicos, muchos que desconozcan realidades como el Purgatorio, o incluso nieguen la Presencia Real de Jesucristo en el Santísimo Sacrament. Cuestiones, que no hace tanto tiempo, eran verdades de perogrullo para cualquier católico con una formación básica, parecen ahora arcaicas y peregrinas.

Los Papas de todos los tiempos no han dejado de advertir sobre el peligro de las desviaciones doctrinales. Con su autoridad, que les viene de Jesucristo, trataron de preservar la pureza de la Fe, desenmascarando la herejías que solapadamente pretendíeron enquistarse en el seno de la Iglesia.

Es así como el cristiano que no deje de oir la voz del Papa y de resguardarse en el Magisterio y la Tradición, no caerá jamás en el error. Todo lo que contraríe estos baluartes, debe ser desechado sin más. ¡Cuantos cristianos no se habrían condenado si hubiesen aplicado este simple criterio!

El Catecismo de San Pio X, expresa: "El Protestantismo o religión reformada, como orgullosamente la llaman sus fundadores, es el compendio de todas las herejías que hubo antes de él, que ha habido después y que pueden aún nacer para ruina de las almas. "

Roguemos a María Santísima, Triunfadora de todas las herejías, que proteja la Iglesia.


Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

lunes, 17 de abril de 2017

Comunión reparadora de los primeros sábados


El 13 de junio de 1917, los tres pastorcitos de Fátima vieron a Nuestra Señora, quien sostenía su Corazón traspasado y tachonado de espinas con su mano derecha; y María Santísima le dijo a Lucía: "Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado".
El 13 de julio, la Reina del Cielo les dijo: "...Si se hace lo que voy a decirles, muchas almas se salvarán...Vendré a pedir la comunión reparadora de los primeros sábados".
En línea recta con las apariciones de Fátima, la promesa de Nuestra Señora se cumplió el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra, donde Lucía era por ese entonces una joven postulante a la vida religiosa. Por humildad, escribió su testimonio en 1927, en tercera persona: "El 10 de diciembre de 1925, la Santísima Virgen se le apareció, y al lado de Ella, llevado por una nube luminosa, el Niño Jesús. La Santísima Virgen puso la mano sobre su espalda y le mostró, al mismo tiempo, un Corazón rodeado de espinas que tenía en la otra mano. En el mismo momento, el Niño le dijo: "Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre, rodeado de espinas que los hombres ingratos le clavan en todo momento, sin que haya nadie que quiera hacer un acto de reparación con el fin de retirarlas".
Luego, la Santísima Virgen le dijo: "Mira, hija mía, mi Corazón traspasado de espinas que los hombres ingratos me clavan a cada instante con sus blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos procura consolarme y di que a todos aquellos que, durante cinco meses, el primer sábado se confiesen, reciban la santa comunión, recen el rosario y me hagan compañía durante quince minutos meditando los quince misterios del rosario con espíritu de reparación, yo prometo asistirlos en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas".
Remarquemos bien que no es Lucía quien inventó esta devoción, sino que fue Nuestra Señora misma quien nos la dio. ¿Quién mejor que Ella misma podría enseñarnos a consolarla? Entonces, esta es una devoción para tomar muy en serio.
La mayoría del tiempo la ignorancia es la que, desgraciadamente, aleja las almas de esta práctica tan profundamente católica, que nos viene directamente desde el cielo para hacernos volver hacia él. Y entre aquellos que la conocen, ¿cuántos saben cuán fácilmente es realizable?
La Confesión: Puede hacerse por anticipado (por ejemplo, el domingo precedente) o aún por más de 8 días antes, en caso de dificultad para confesarse el primer sábado. Y los que hubieran olvidado esta intención, "podrán formularla en la confesión siguiente, aprovechando la primera ocasión que tengan para confesarse" ( de la aparición de Nuestro Señor a Lucía del 15 de febrero de 1926).
La Comunión: Por supuesto que debe ser efectuada en estado de gracia, y "será aceptada el domingo que sigue al primer sábado cuando mis sacerdotes, por los más justos motivos, se lo permitan a las almas" (de la aparición de Nuestro Señor a Lucía, en la noche del 29 al 30 de mayo de 1930). También esta comunión debe hacerse con espíritu de reparación por las ofensas que sufre el Corazón Inmaculado de María.
El rezo del Rosario: Por justos motivos, puede ser igualmente recitado el domingo, siempre con espíritu de reparación...¿pero acaso no lo rezamos todos los días?
Los quince minutos de meditación sobre los quince misterios del Rosario: No hay que confundirlos con el Rosario. Sor Lucía escribe: " es hacer compañía a Nuestra Señora durante quince minutos, meditando los misterios del Rosario". Se pueden elegir algunos de entre los misterios (no se trata de quince minutos por cada misterio). Por justos motivos, esto puede hacerse el domingo, con espíritu de reparación.
Puede notarse lo importante y necesaria que es la intención reparadora...Sor Lucía le preguntó a Nuestro Señor: "¿Por qué cinco sábados?" (29 al 30 de mayo de 1930). Su respuesta gira en torno a la naturaleza de estas espinas que los hombres ingratos clavan en el Corazón de su Madre, y nos ayuda a tener compasión de sus dolores.
Hay cinco especies de ofensas y de blasfemias que se profieren en contra del Corazón Inmaculado de María:
1- Las blasfemias contra la Inmaculada Concepción,
2- Las blasfemias contra su virginidad,
3- Las blasfemias contra su Maternidad Divina, y a la vez el rechazo en reconocerla como Madre de los hombres,
4- Las blasfemias de aquellos que públicamente tratan de instalar en el corazón de los niños la indiferencia, el desprecio, o hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada,
5- Las ofensas de aquellos que la ultrajan directamente en sus santas imágenes...
¡Hágase apóstol de la actualísima "devoción de los cinco sábados"!
Tomado de "Cruzada del Rosario"

viernes, 31 de marzo de 2017

¿Por qué un católico no puede ser masón ?



Texto tomado de  "Aciprensa"
A lo largo de su historia la Iglesia católica ha condenado y desaconsejado a sus fieles la pertenencia a asociaciones que se declaraban ateas y contra la religión, o que podían poner en peligro la fe. Entre estas asociaciones se encuentra la masonería.
Actualmente, la legislación se rige por el Código de Derecho Canónico promulgado por el Papa Juan Pablo II el 25 de enero de 1983, que, en su canon 1374, señala:
"Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación ha de ser castigado con entredicho".
Esta nueva redacción, sin embargo, supuso dos novedades respecto al Código de 1917: la pena no es automática y no se menciona expresamente a la masonería como asociación que conspire contra la Iglesia.
Previendo posibles confusiones, un día antes de que entrara en vigor la nueva ley eclesiástica del año 1983, fue publicada una declaración firmada por elCardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En ella se señala que el criterio de la Iglesia no ha variado en absoluto con respecto a las anteriores declaraciones, y la nominación expresa de la masonería se había omitido por incluirla junto a otras asociaciones. Se indica, además, que los principios de la masonería siguen siendo incompatibles con la doctrina de la Iglesia, y que los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas no pueden acceder a la Sagrada Comunión.
En este sentido, la Iglesia ha condenado siempre la masonería. En el siglo XVIII los Papas lo hicieron con mucha más fuerza, y en el XIX persistieron en ello. En el Código de Derecho Canónico de 1917 se excomulgaba a los católicos que dieran su nombre a la masonería, y en el de 1983 el canon de la excomunión desaparece, junto con la mención explícita de la masonería, lo que ha podido crear en algunos la falsa opinión de que la Iglesia poco menos que aprueba a la masonería.
Es difícil hallar un tema -explica Federico R. Aznar Gil, en su ensayo La pertenencia de los católicos a las agrupaciones masónicas según la legislación canónica actual (1995)- sobre el que las autoridades de la Iglesia católica se hayan pronunciado tan reiteradamente como en el de la masonería: desde 1738 a 1980 se conservan no menos de 371 documentos sobre la masonería, a los que hay que añadir las abundantes intervenciones de los dicasterios de la Curia Romana y, a partir sobre todo del Concilio Vaticano II, las no menos numerosas declaraciones de las Conferencias Episcopales y de los obispos de todo el mundo. Todo ello está indicando que nos encontramos ante una cuestión vivamente debatida, fuertemente sentida y cuya discusión no se puede considerar cerrada.
Casi desde su aparición, la masonería generó preocupaciones en la Iglesia. Clemente XII, en "In eminenti", había condenado a la masonería. Más tarde, León XIII, en su encíclica "Humanum genus", de 20 de abril de 1884, la calificaba de organización secreta, enemigo astuto y calculador, negadora de los principios fundamentales de la doctrina de la Iglesia.
En el canon 2335 del Código de Derecho Canónico de 1917 establecía que "los que dan su nombre a la secta masónica, o a otras asociaciones del mismo género, que maquinan contra la Iglesia o contra las potestades civiles legítimas, incurren ipso facto en excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica".
El delito -según Federico R. Aznar Gil- consistía en primer lugar en dar el nombre o inscribirse en determinadas asociaciones (...) En segundo lugar, la inscripción se debía realizar en alguna asociación que maquinase contra la Iglesia: se entendía que maquinaba "aquella sociedad que, por su propio fin, ejerce una actividad rebelde y subversiva o las favorece, ya por la propia acción de los miembros, ya por la propagación de la doctrina subversiva; que, de forma oral o por escrito, actúa para destruir la Iglesia, esto es, su doctrina, autoridades en cuanto tales, derechos, o la legítima potestad civil" (...) En tercer lugar, las sociedades penalizadas eran la masonería y otras del mismo género, con lo cual el Código de Derecho Canónico establecía una clara distinción: mientras que el ingreso en la masonería era castigado automáticamente con la pena de excomunión, la pertenencia a otras asociaciones tenía que ser explícitamente declarada como delictiva por la autoridad eclesiástica en cada caso.
Los motivos que argumentaba la Iglesia católica para su condena a la masonería eran fundamentalmente: el carácter secreto de la organización, el juramento que garantizaba ese carácter oculto de sus actividades y los complots perturbadores que la masonería llevaba a cabo en contra de la Iglesia y los legítimos poderes civiles. La pena establecía directamente la excomunión, estableciéndose además una pena especial para los clérigos y los religiosos en el canon 2336.
También se recordaban las condiciones establecidas para proceder a la absolución de esta excomunión, que consistían en el alejamiento y la separación de la masonería, reparación del escándalo del mejor modo posible, y cumplimiento de la penitencia impuesta.
Las consecuencias de la excomunión incluían, por ejemplo, la privación de la sepultura eclesiástica y de cualquier misa exequial, de ser padrinos de bautismo, de confirmación, de no ser admitidos en el noviciado, y el consejo -en este caso a las mujeres- de no contraer matrimonio con masones, así como la prohibición al párroco de asistir a las nupcias sin consultar con el Ordinario.
A partir de la celebración del Concilio Vaticano II, un incipiente diálogo entre masones y católicos hizo que la situación comenzara a cambiar. Algunos Episcopados (de Francia, Países Escandinavos, Inglaterra, Brasil o Estados Unidos) empezaron a revisar la actitud ante la masonería; por un lado, revisando desde la historia los motivos que llevaron a adoptar a la Iglesia su actitud condenatoria, tales como su moral racionalista masónica, el sincretismo, las medidas anticlericales promovidas y defendidas por masones; y, por otro lado, se cuestionó que pudiera entenderse a la masonería como un solo bloque, sin tener en cuenta la escisión entre masonería regular, ortodoxa y tradicional, religiosa y apolítica aparentemente, y la segunda, la irregular, irreligiosa, política, heterodoxa.
Estos motivos y las más o menos constantes peticiones llegadas de varias partes del mundo a Roma, diálogos y debates, hicieron que, entre 1974 y 1983, la Congregación para la Doctrina de la Fe retomase los estudios sobre la masonería y publicase tres documentos que supusieron una nueva interpretación del canon 2335. En este ambiente de cambios, no extraña que el cardenal J. Krol, arzobispo de Filadelfia, preguntase a la Congregación para la Doctrina de la Santa Fe si la excomunión para los católicos que se afiliaban a la masonería seguía estando en vigor. La respuesta a su pregunta la dio la Congregación a través de su Prefecto, en una carta de 19 de julio de 1974. En ella se explica que, durante un amplio examen de la situación, se había hallado una gran divergencia en las opiniones, según los países. La Sede Apostólica no creía oportuno, consecuentemente, elaborar una modificación de la legislación vigente hasta que se promulgara el nuevo Código de Derecho Canónico. Se advertía, sin embargo, en la carta, que existían casos particulares, pero que continuaba la misma pena para aquellos católicos que diesen su nombre a asociaciones que realmente maquinasen contra la Iglesia. Mientras que para los clérigos, religiosos y miembros de institutos seculares la prohibición seguía siendo expresa para su afiliación a cualquiera de las asociaciones masónicas. La novedad en esta carta residía en la admisión, por parte de la Iglesia católica, de que podían existir asociaciones masónicas queno conspiraban en ningún sentido contra la Iglesia católica ni contra la fe de sus miembros.
Las dudas no tardaron en plantearse: ¿cuál era el criterio para verificar si una asociación masónica conspiraba o no contra la Iglesia?; y ¿qué sentido y extensión debía darse a la expresión conspirar contra la Iglesia?
El clima generalizado de acercamiento entre las tesis de algunos católicos y masones fue roto por la declaración del 28 de abril de 1980 de la Conferencia Episcopal Alemana sobre la pertenencia de los católicos a la masonería. Como recoge Federico R. Aznar Gil, la declaración explicaba que, durante los años 1974 y 1980, se habían mantenido numerosos coloquios oficiales entre católicos y masones; que por parte católica se habían examinado los rituales masónicos de los tres primeros grados; y que los obispos católicos habían llegado a la conclusión de que había oposiciones fundamentales e insuperables entre ambas partes:
"La masonería -decían los obispos alemanes- no ha cambiado en su esencia. La pertenencia a la misma cuestiona los fundamentos de la existencia cristiana" (.) Las principales razones alegadas para ello fueron las siguientes: la cosmología o visión del mundo de los masones no es unitaria, sino relativa, subjetiva, y no se puede armonizar con la fe cristiana; el concepto de verdad es, asimismo, relativista, negando la posibilidad de un conocimiento objetivo de la verdad, lo que no es compatible con el concepto católico; también el concepto de religión es relativista (.) y no coincide con la convicción fundamental del cristianismo, el concepto de Dios, simbolizado a través del "Gran Arquitecto del Universo" es de tipo deístico y no hay ningún conocimiento objetivo de Dios en el sentido del concepto personal del Dios del teísmo, y está transido de relativismo, lo cual mina los fundamentos de la concepción de Dios de los católicos (.)
El 17 de febrero de 1981, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicaba una declaración en la que afirma de nuevo la excomunión para los católicos que den su nombre a la secta masónica y a otras asociaciones del mismo género, con lo cual, la actitud de la Iglesia permanece invariable, e invariable permanece aún en nuestros días.

jueves, 23 de octubre de 2014

La desccanonización de San Juan Bautista



Escándalo en el Cielo: Juan Bautista descanonizado

P. Gonçalo Portocarrero de Almada


http://observador.pt/opiniao/escandalo-ceu-joao-baptista-descanonizado/


La queja principal contra el dicho Bautista se refiere a su ausencia de sentido pastoral y su falta de misericordia para con el rey Herodes Antipas, a quien acusó de vivir en adulterio.

Gracias al gran lío informático con el Citius, vino a mi computador, procedente del Supremo Tribunal de justicia del Cielo, una copia del acto de descanonización de San Juan Bautista, propuesta por algunos católicos, que se hicieron representar por su abogado. Alega el casuístico que el dicho Juan, hijo de Zacarías y de Isabel, fue precipitadamente elevado a la honra de los altares ya que, a la luz de la misericordia pastoral, recientemente descubierta por los referidos fieles, es muy dudosa su santidad.

La verdad es que dicha madre del referido Juan, Isabel, era prima de María y, por tanto, el hijo de esta, Jesús, era pariente próximo del Bautista, lo que indica favoritismo en su canonización, cuyo proceso, por más señas, no consta en los archivos de la congregación para la causa de los santos. También se teme que el alegado santo haya sido ilícitamente beneficiado por el hecho de que dos de sus discípulos, Andrés y Juan, fueron después seguidores de Cristo (¿trafico de influencias?) Por otro lado, no se conoce ningún milagro, comprobado científica y canónicamente, que sea debido a su intercesión. Además del hecho de vivir en las dunas, de cubrirse con pieles de animales (quizá de especies protegidas), comer langostas (que, desde las plagas de Egipto, están en vías de extinción) y de alimentarse de miel silvestre (producto no autorizado por la ASAE), lo que indica comportamientos antiecológicos y, en consecuencia, dignos de grave censura social y eclesial.

Con todo, la queja principal contra el dicho Juan Bautista se desprende de su ausencia de sentido pastoral y su falta de misericordia para con el rey Herodes Antipas, a quien, públicamente, acusó de vivir en adulterio con Herodías, mujer de su hermano Filipo y madre de Salomé. Hasta que los autos prueben que es verdadera esa convivencia marital, es absolutamente lamentable que, en vez de acoger misericordiosamente al simpático gobernante, Juan lo tiene condenado éticamente, incurriendo así en la santa ira de Herodías. Ahora bien, en una perspectiva más inclusiva y gradual, no sólo se debería haber abstenido de tales pronunciamientos moralistas, sino que debería haber participado misericordiosamente en el banquete natalicio de Herodes Antipas, según la famosa tesis que afirma que ningún convidado a una cena puede ser legítimamente impedido de comer en ella.






Aunque los exégetas discutan si este principio teológico-gatronómico, muy en boga en ciertas jornadas, ya constaba en las tabas de la Ley, dadas por Moisés, o si parte de algún sermón de San Agustín, o incluso si se encontraba en la Suma Teológica, nadie duda de que es de fe divina y católica.






Por otro lado, la unión de Herodes con la cuñada era, indiscutiblemente, una relación amorosa y, siendo la cariad la principal virtud cristiana, debe prevalecer la actitud pastoral de valorar ese amor, teniendo también en cuenta el bien de la joven y bella Salomé, que de tan amorosa madre y de su afectuoso consorte recibía, como bailarina, una esmerada educación artística, que debe ser también estimulada.






Por último, la forma ruda como el dicho Juan tenía por costumbre dirigirse a las autoridades eclesiásticas, como los fariseos o los doctores de la ley, no está de acuerdo con el estilo pastoral postconciliar, el cual, en vez de apelar a la conversión, o juzgar, prohibir o condenar actos objetivamente contrarios a la doctrina cristiana, acoge, bendice y alaba todas las actitudes de cualquier ser humano.






Por todo esto y más que pueda quedar por decir, entienden los demandantes que la sentencia no puede ser otra que la descanonización de Juan Bautista, corriendo a cargo del demandado las costas procesales, sin posibilidad de recurso ni apelación, excepto en sede de juicio final.






Al margen, se lee aún en los autos: se aconseja vivamente que sea también revisado el proceso de un tal Tomás Moro, que se opuso al divorcio de Enrique VIII y fue, por ese motivo, ejecutado, siendo por tanto igualmente sospechoso de actitudes contrarias a la misericordia cristiana. Recomienda además la apertura de los procesos de canonización de Herodes Antipas, de Salomé y de Herodías, patronos del amor libre, así como a Enrique VIII, víctima del fundamentalismo católico. Firmado: el abogado del diablo, suficiente procurador y representante de los referidos católicos*.











jueves, 9 de octubre de 2014

Pio XII



El 9 de octubre de 1958, en el Palacio de Castel Gandolfo, moría piadosamente S.S. Pio XII, el Pastor Angélico. Reconocido mundialmente por sus dotes intelectuales, fue uno de los Pontífices más cercanos a los fieles.

Sin embargo, poco se ha difundido su ejemplo de santidad. Hoy a 50 años de su fallecimiento, los católicos intentan redescubrir este aspecto de su vida.

Acompañamos a toda la Iglesia, recordando su legado doctrinal, pastoral y espiritual. Desde la proclamación del Dogma de la Asunción de Nuestra Señora hasta el auxilio prestado a las víctimas de los regímenes totalitarios. Pio XII, no fue solo un hombre de palabras inteligentes: aún hoy los romanos recuerdan aquel Papa, con su sotana blanca manchada de sangre, de rodillas sobre los escombros, dando consuelo a las víctimas de los bombardeos.

Pio XII vivía una constante intimidad con Dios. El mismo fue testigo del "milagro del sol", ocurrido en Fátima años antes, mientras daba un paseo por los Jardines Vaticanos. Poco tiempo antes de morir, pudo contemplar a Nuestro Señor en una aparición; las palabras que el Papa le dirige a Cristo en esa ocación, son el reflejo de su entrega total a él: ¡Llévame contigo!


Nos unimos pues en el reconocimiento al Santo Padre Pio XII, reproduciendo a continuación la Oración para pedir su pronta Beatificación.





Oración a Pío XII (Para la devoción privada)


Oh Jesús, Pontífice eterno, que os dignasteis elevar a vuestro servidor fiel, Pío XII, a la suprema dignidad de Vicario vuestro en la tierra, y le concedisteis la gracia de ser un intrépido defensor de la fe, un valeroso propulsor de la justicia y de la paz, un celoso glorificador de vuestra Santísima Madre y un ejemplo luminoso de caridad y de todas las virtudes, dígnate, en virtud de sus méritos, concedernos las gracias que te pedimos, a fin de que confiados en su eficaz intercesión ante Vos, podamos verlo un día elevado a la gloria de los altares. Amén 


lunes, 1 de septiembre de 2014

Oh buen Jesús