jueves, 21 de abril de 2022

FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA




"Deseo que la Fiesta de la Misericordia… se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua… El alma que se confiese y reciba la Sagrada Comunión (en estado de gracia en este día) obtendrá el perdón total de los pecados y el castigo. "

(Diario de Santa Faustina , 699)

jueves, 14 de abril de 2022

Viernes Santo



Oh pecador ingrato, 
ante tu Dios maltratado, 
ven a llorar herido,
de contrición aquí.

El manantial divino
de sangre está corriendo.
Ven, pecador, gimiendo.
Ven a lavarte aquí.

 

Jueves Santo

 


Afirma un antiguo dicho popular que hoy es uno de los jueves del año que brillan como el sol o más que él. Ciertamente estamos en una de las mayores fiestas del año litúrgico, en la que celebramos simultáneamente tres acontecimientos de primer orden en la visa de la Iglesia: la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio ministerial y el día del amor fraterno. Los tres se encuentran estrechamente unidos entre sí y beben de la misma fuente, que es el Corazón Sacerdotal y Eucarístico de Jesús, el cual se dispone a entregarse al Supremo Sacrificio de la Cruz por nuestra Redención.

La institución del Santísimo Sacramento de la Eucaristía en la Última Cena supone un verdadero anticipo de la Pasión, porque el Sacrificio único de Cristo supera el tiempo y el espacio. Cada vez que se celebra la Santa Misa, asistimos a él verdaderamente, así como a su Resurrección y Ascensión.

El Concilio Vaticano II ha definido a la Eucaristía como "fuente y cumbre de toda la vida cristiana" (Lumen gentium, 11), porque ella "contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo en persona, nuestra Pascual y pan vivo, que por su Carne vivificada y que vivifica por el Espíritu Santo"(Presbyterorum ordinis, 5). Por eso, ya explicó San Ireneo de Lyon en el siglo II que la Eucaristía es: "el resumen y la suma de nuestra fe". Es "el Sacramento de nuestra Fe", "el Misterio de la Fe", como dice el sacerdote en la celebración de la Santa Misa.

Según señaló San Juan Pablo II en la encíclica Ecclesia de Eucharistía (2003) que nos legó no mucho antes de su muerte: "La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: « He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza."(n.1)

Como dijo Benedicto XVI en su exhortación apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis (2007) recogiendo la denominación ofrecida por Santo Tomás de Aquino: "Sacramento de la caridad, la Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre."

Por este amor infinito de Dios por cada hombre, es lógico que, al celebrar la institución de la Sagrada Eucaristía celebremos también el día del amor fraterno. En la Última Cena, Jesús nos ha dado el gran mandamiento del amor: "Ámense los unos a los otros como yo los he amado" (Jn. 15, 12.17)

Además, en el lavatorio de los pies, que recordamos en la Celebración del Jueves Santo, Jesús nos ha dado un ejemplo de amor, de humildad y de servicio. El amor fraterno, por tanto, nace del amor de Dios; es la cara de la caridad entre los hombres.

La Caridad es la tercera y la más importante de las tres virtudes teologales, la única que permanecerá en la eternidad y de la que principalmente se nos juzgará; como decía San Juan de la Cruz, "al final de la vida se te examinará en el amor".

"Ahora subsisten la Fe, la Esperanza y la Caridad, esas tres, la mayor de ellas es la Caridad." (1Co. 13, 13). La Caridad no es otra cosa que el amor. El grado supremo del amor, es decir, el amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo y a nosotros mismos por este amor a Dios.

No habría vida eucarística en la tierra sin los sacerdotes. Hoy es también la fiesta de la institución del sacerdocio ministerial, pues Jesucristo lo instituyó en la Última Cena en las personas de los Apóstoles al darles el mandato de hacer eso mismo en memoria suya. El sacerdote participa así del sacerdocio supremo y único de Cristo y debe por tanto, configurarse de lleno con Cristo, hacerse uno con Él, ser "otro Cristo" (alter Christus), como dijera el Papa Pio XI (Ad catolice sacerdotii, n. 30), viviendo como San Pablo "crucificado con Cristo", porque realmente es ya Cristo quien vive en él (Galo. 2, 19 - 20).

Que la Santísima Virgen nos ayude a entrar en los Misterios celebrados el Jueves Santo y a vivir todo el Triduo Pascual con espíritu contemplativo.



P. Jose Wajda o.c.d.

viernes, 11 de marzo de 2022

Refutando el liberalismo - por Fray Guido Casilo O.P.


El artículo - de Gabriel Zanotti

LA LIBERTAD, ESA DESCONOCIDA.

¿Quiere comulgar en la boca o en la mano? Comulgue como quiera y no condene al resto. Y trate el tema con argumentos.

¿Misa tradicional o reformas post-Vaticano II? Que cada obispo, como el Vaticano II establecía, hago lo que le parezca. Pero no condene el resto y discuta el tema con argumentos. No insulte.

¿Quiere que sus hijos tengan educación sexual en su escuela? Mándalos a una que tenga ese programa. ¿No lo quiere? Mándela a otra que no lo tenga. Y deje que cada escuela, estatal o privada, decida sus programas de estudio. Y argumente a favor o en contra. Pero no imponga al resto su visión del mundo. 

¿No quiere una jubilación del Estado? Contrate un seguro privado. ¿Cree que la mejor jubilación es la del Estado? Disfrútela. Pero no impida por la fuerza la primer opción ni imponga por la fuerza la segunda. 

¿Quiere casarse con alguien de su mismo sexo? Hágalo con un contrato privado. ¿Quiere casarse con alguien de sexo distinto? Hágalo también un contrato privado. Pero en ambos casos no llamen al Estado para que los case. Que no haya matrimonio estatal y punto terminado. 

¿Quiere educar a sus hijos en una escuela estatal con valores kirchneristas? Hágalo. ¿Quiere educar a sus hijos en su propia casa? Hágalo. Y en el primer caso, no impida la segunda opción. 

¿Quiere que en el directorio de su empresa haya un 70% de mujeres? Hágalo. ¿Quiere que haya sólo rubios con un zapato negro? Hágalo. ¿Quiere que estén sólo los más capaces? Hágalo. Pero no llame a la fuerza del Estado para cualquiera de sus opciones. 

¿Considera que no hay que comer animales? No lo haga. ¿Cree que la contaminación es terrible? No viaje en avión ni en automóvil. ¿Quiere comer carne? Hágalo. ¿Quiere viajar en automóvil? Hágalo. ¿Cree que la contaminación afecta a terceros? Espere al final de esta entrada. 

¿Hay un virus peligroso y usted quiere encerrarse en su sótano con un traje de astronauta? Hágalo. ¿Hay un virus peligroso y usted quiere salir como siempre? Hágalo. ¿Considera que el virus no es peligroso? Dígalo. ¿Considera que sí, que es terrible? Dígalo. Pero no condene al resto, haga lo que quiera, diga lo que quiera, y discuta con argumentos.

¿Quiere darse la vacuna contra el bicho 19? Désela. ¿No quiere dársela? No se la de. ¿Considera que la vacuna es segura? Argumente. ¿Considera que no? Argumente. Pero haga lo que quiera, diga lo que quiera y no condene al resto.

¿Prefiere la medicina china a la medicina occidental? Ok. ¿Prefiere la segunda? Ok. Pero no imponga por la fuerza ni la una ni la otra. 

¿Considera que el daño a terceros (contaminación incluida) justifica el uso de la fuerza? Considérelo. ¿Sabe que, al respecto, hay una enorme literatura sobre bienes públicos, externalidades y la sociedad libre? Si no lo sabe, léala. ¿No quiere leerla? No la lea. ¿Quere NO leerla y seguirme insultando? Hágalo. Y yo tengo la libertad de no responder a sus insultos. 

Pero no. Policía, corridas, persecuciones, denuncias, arrestos, palos, disparos, violencia. Si no te quedás en tu casa te pongo preso. Si comulgás con la boca te cierro el seminario y te mando a la miércoles....

Violencia.

Pero la libertad….. Nunca.

Gabriel Zanotti.

Artículo en: http://gzanotti.blogspot.com/2022/03/la-libertad-esa-desconocida.html


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La respuesta - Por Fray Guido Casilo O.P.

Querido Gabriel Zanotti:

Yo soy de la idea que el mundo está cómo está por este liberalismo que has descripto brillantemente. Yo estoy convencido que hay un orden natural —un amigo suele decir que se chocó contra él y duele—. Este orden natural me impide —diría el tango de Discépolo— “hacer lo que se me cante la gana”, y me hace condenar lo que hay que condenar, imponer lo que hay que imponer e impedir lo que hay que impedir, incluso por la fuerza. Pero sobre todo creo que hay un Dios a quien hay que amar sobre todas las cosas, adorar y dar reverencia en el Santísimo Sacramento del Altar donde está presente, y por eso creo que la Madre Teresa de Calcuta —que bien conocía los males del mundo y bajezas de los hombres— tenía razón cuando dijo que no hay peor mal en el mundo que la Comunión en la mano.

Para intentar convencerte lo primero que te diré es que el mundo liberal es un mundo sin amor, por eso los liberales no tienen niños. Un padre o una madre no puede ser liberal, el amor se lo impide. Los padres quieren el bien de sus hijos, gracias a Dios aún hay padres que no son liberales y cuando su hijo intenta poner el destornillador en el enchufe, tomar fertilizante o dejar la escuela, se lo impiden incluso por la fuerza. Amar es querer el bien para el prójimo y por lo tanto la verdad. El liberalismo no condena, no impone, no impide y deja hacer lo que se quiera, porque no ama. El mundo liberal es un mundo de individualismo porque cada uno tiene su verdad, es decir, no existe la verdad para él y por lo tanto no existe el verdadero amor en el mundo liberal.

Comprendo que por todo lo sufrido en esta “plan-demia”, el liberalismo se te presente como una tentación a todas esas tiránicas persecuciones que enumeras al final de tu artículo: “Policía, corridas, persecuciones, denuncias, arrestos, palos, disparos, violencia. Si no te quedás en tu casa te pongo preso. Si comulgás con la boca te cierro el seminario y te mando a la miércoles...”. Pero el liberalismo es una solución aparente, una idolatría de la libertad, que calla que fuera de la verdad y el bien no hay libertad sino esclavitud y esclavitud eterna cuando en pos de la libertad se infringen los mandamientos de Dios. Muy largo se haría si me detuviera a decir la renuncia a la verdad que se hace cuando el liberalismo da rienda suelta al libertinaje de la usura, la droga, la sodomía, el aborto, la eutanasia, etc. Pero no puedo dejar de repetir que no es lo mismo comulgar en la mano o en la boca como pretende el liberalismo porque las manos del sacerdote fueron consagradas para tocar sólo ellas el Santísimo Sacramento del Altar como lo enseña toda la Tradición y Santo Tomás de Aquino y lo expresa magistralmente en la Suma Teológica (III, 82, a. 3, c).

En el fondo es muy contradictorio todo lo que decís de no imponer, no impedir, no condenar, faltó que digas: prohibido prohibir. Por un lado decís “no imponga al resto su visión del mundo” y por otro “¿Quiere que haya sólo rubios…? Hágalo”. Creo que a nadie se le oculta en que termina el dejar libremente que alguno quiera que haya sólo rubios. El liberalismo lleva al totalitarismo, es más, en el fondo el liberalismo es un totalitarismo. El liberalismo es el totalitarismo del libertinaje.

León XIII en su magistral Encíclica “Libertas Præstantissimum” en que condena todo liberalismo, comienza haciendo un elogio de la libertad y señala que la Iglesia siempre ha sido la que más grandemente la ha defendido. Quien conozca la historia sin las mentiras de los enemigos de la Iglesia podrá afirmar fehacientemente que más que ningún reino, estado o institución ha defendido y promocionado siempre aquella libertad que reconoce en sus hijos en los cuales “ya no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3, 28). Es importante recalcar que la Iglesia no está en contra de la verdadera libertad sino que es su más ferviente defensora. Pero es necesario no confundir la libertad con el libertinaje, el cultivo de la “libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Rm 8, 21) con el liberalismo.

Las personas tienen la capacidad, con su inteligencia y voluntad, de elegir distintos medios en orden a la consecución de su fin último. Ya que es la consecución del fin último lo que subyace en toda elección de medios que hacemos, es objetivable por la inteligencia si estos medios son ordenados o no a ese fin, y por lo tanto buenos o malos. Se llama libertad a esta facultad cuando efectivamente elige un medio que es un bien en orden a la consecución del fin último ya que no es propiamente libertad la elección de un mal porque esclaviza a la persona. Dice Santo Tomás de Aquino “querer el mal ni es libertad ni parte de la libertad, aunque sea un cierto signo de la libertad” (De veritate, q. 22, a. 6, c).

Los actos humanos no son indiferentes, o pertenecen al bien de una virtud o al mal de algún vacío, y por estos actos se juega la salvación eterna. Cualquiera que reflexione seriamente podría decir cuán ignorantes somos de esta verdad que es incluso de orden natural y no sólo verdad de fe. ¡Cuánto es necesario a toda persona humana ser enseñada! Dios en su bondad y condescendencia vino a nosotros para enseñarnos y conducirnos, es por eso que Cristo afirma: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va al Padre sino por Mí”. Cristo es Rey y Soberano de todo, no sólo lo hemos de amar nosotros sobre todas las cosas sino que hemos de procurar que todos estén bajo su “yugo suave y su carga ligera” ya que todos tienen el primer mandamiento inscrito en su naturaleza que así nos lo ordena. Esta Verdad abarca todos los ámbitos de la vida y debe iluminar todo nuestro ser. El liberalismo pretende liberarse de esta Verdad y busca hacerlo en mayor o menor medida según los grados de liberalismo. El liberalismo pretende liberarse de Dios, por eso es pecado, el liberalismo es un eco del grito blasfemo y suicida "Non Serviam" de Satanás.

Fray Guido Casillo O.P.

jueves, 7 de octubre de 2021

Fiesta del Santísimo Rosario





En 1571, los turcos se estaban apoderando de toda Europa y parecía que el Cristianismo iba a ser arrasado. Cuando todo parecía perdido, el Papa San Pío V organizó una cruzada del Rosario. Les pidió a los católicos de todo el mundo que rezaran el Rosario y que le pidieran a Nuestra Señora que los librara del desastre eminente. Cuando llegó el día de la gran batalla, los soldados cristianos fueron a la batalla con la espada en una mano y el Rosario en la otra. El pequeño ejército cristiano, superado en número, derrotó a la grandiosa Armada Turca, salvando así a la cristiandad. Así el 7 de Octubre de 1571 tuvo lugar en Lepanto una de las derrotas militares más grandes de la historia.

En aquel tiempo las noticias tardaban mucho en llegar y Lepanto quedaba muy lejos de Roma. Pero Pío V, que estaba tratando asuntos con unos cardenales, de pronto se asomó a la ventana, miró hacia el cielo, y les dijo emocionado: "Dediquémonos a darle gracias a Dios y a la Virgen Santísima, porque hemos conseguido la victoria". Varios días después llegó desde el lejano Golfo de Lepanto, la noticia del enorme triunfo. El Papa en acción de gracias mandó que cada año se celebre el 7 de octubre la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y que en las letanías se colocara esta oración "María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros" .

La fiesta que hoy celebramos, fue instituída pues, para conmemorar la victoria de la armada católica, al mando de Juan de Austria, sobre los turcos, en las aguas de Lepanto. El Papa San Pio V, la atribuyó a la intercesión de Santa María, en su advocación del Rosario. Esta devoción había comenzado a ser muy popular desde el siglo XIV, y habría de alcanzar a la Iglesia de Dios señalados favores.

La Fiesta del Santísimo Rosario, o de Nuestra Señora del Rosario, como es conocida hoy, es sin duda la que "impregna" este mes con esta devoción. Esta idea vendrá a renovarse, a principios del siglo XX, el 13 de octubre de 1917, última de las apariciones de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.

León XIII elevó el rito de esta fiesta a segunda clase y prescribió a toda la Iglesia el rezo del Santo Rosario en el mes de octubre. La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, le asignó la categoría de Fiesta, con el título de Nuestra Señora del Rosario.

martes, 5 de octubre de 2021

PEREGRINACIÓN NUESTRA SEÑORA DEL PILAR





11 DE OCTUBRE DE 2021


15 HS.


LAGUNA DE LOS PADRES


MAR DEL PLATA



domingo, 15 de agosto de 2021

Traditionis custodes vs. Quo primum Tempore



“Del mismo modo, estatuimos y declaramos :

- que no han de estar obligados a celebrar la Misa en forma distinta a la establecida por Nos ni Prelados, ni Administradores, ni Capellanes ni los demás Sacerdotes seculares de cualquier denominación o regulares de cualquier Orden;

- que no pueden ser forzados ni compelidos por nadie a reemplazar este Misal;

- y que la presente Carta jamás puede ser revocada ni modificada en ningún tiempo, sino que se yergue siempre firme y válida en su vigor. “


Bula “Quo primum Tempore”, 1570 – S. S. Pio V



Esta parte del texto por el cuál se ponía en vigencia al Misal, no deja lugar a dudas. Sus palabras son claras. Más aún lo son, si se lee íntegramente el texto de la Bula (invitamos al lector a hacerlo). La intención del Papa fue establecer el uso del Misal a perpetuidad.

Es de destacar que el texto de la Bula, prohíbe cualquier reforma. Las reformas de que fue objeto el mismo Misal (hasta la última, de 1962) no implicaron nunca alteraciones sustanciales, más allá de algunas pocas opiniones contrarias.

Pero no es nuestra intención analizar en primer lugar el Rito o la Forma, si no, la facultad del celebrante. Es por ello, que transcribimos esos párrafos como principio de este artículo. De ellos se desprende con claridad el carácter permanente del uso del Misal promulgado en 1570. Resulta evidente que nadie puede estar obligado a celebrar de manera distinta. De igual modo se prohíbe disponer el uso de otros textos. Esta prohibición rige para cualquier autoridad y en todo tiempo.

Frente esta conclusión, por ejemplo, se presenta el artículo cinco del Motu Proprio “Traditionis Custodes”: “Los presbíteros que ya celebran según el Missale Romanum de 1962, pedirán al obispo diocesano la autorización para seguir manteniendo esa facultad.”

Asimismo tenemos esta afirmación de la Carta adjunta al Motu Proprio “ Traditionis Custodes”: “Respondiendo a vuestras peticiones, tomo la firme decisión de derogar todas las normas, instrucciones, concesiones y costumbres anteriores al presente Motu Proprio, y de considerar los libros litúrgicos promulgados por los Santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, como única expresión de la lex orandi del Rito Romano. Me reconforta en esta decisión el hecho de que, tras el Concilio de Trento, San Pío V también derogó todos los ritos que no podían presumir de una antigüedad probada, estableciendo un único Missale Romanum para toda la Iglesia latina.”

Este último pasaje, aunque no integra el texto de la norma (“Traditiones Custodes”), podría no dejar dudas, de la intención derogatoria del Motu Proprio. Sin embargo, en sí mismo, no hace expresa referencia a la Bula “Quo primum Tempore”, y omite también pronunciarse sobre el Misal de 1962.

Por si esto fuera poco, se busca asimilar la decisión de “considerar los libros litúrgicos promulgados por los Santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II (…) como única expresión de la lex orandi del Rito Romano”, a la derogación de los ritos que “no podían presumir de antigüedad probada”. Calificación que no resultaría aplicable al Misal Tridentino, que poseería al día de la publicación del documento en cuestión (2021), más de cuatro siglos y medio de vigencia. Así lo aseguraba Benedicto XVI en el derogado “Summorum Pontificum”, que al referirse a él señalaba: “Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que nunca se ha abrogado”.

El mismo San Pio V, que sin dudas pretendía unificar la Liturgia del Rito Latino, no suprimió aquellos ritos afianzados en el tiempo, aunque ellos estuviesen circunscriptos a regiones concretas y alcanzaren a un número reducido de fieles.

En concordancia, con este criterio seguido por San Pio V, señalaba el Papa Benedicto XVI: “Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial” (carta a los obispos de Benedicto XVI – Summorum Pontificum, 2007).

Aunque tengamos presente el gran principio de que una norma posterior puede derogar la anterior, también nos encontramos ante un problema.

Se podría aceptar y reconocer el hecho de que el nuevo Motu Proprio, Fidelis custodes, viene a derogar las normas específicas sobre la materia. Esto es, la carta a las Conferencias episcopales “Quattuor abhinc annos” (1984), el Motu Proprio “Ecclessia Dei” (1988), el Motu Proprio “Summorum Pontificum“ (2007) y la Instrucción “Universae Eclessiae” (2011). Aún así, quedaría planteada la contradicción con una norma, que por sus formulaciones categóricas y definitivas, resulta de superior jerarquía: la Bula “Quo Primun tempore” (1570).

Es innegable que todos los Sumos Pontífices tienen idéntica autoridad. Un Papa puede, por si mismo, establecer nuevas normas disciplinares e incluso puede hacer cesar las emitidas por un Pontífice anterior. Sin embargo, sus actos, para que puedan tener efecto cancelatorio sobre los anteriores, deben ser de igual tenor, jerarquía y alcance que los que se pretendan abrogar.

Otro aspecto a destacar, es la contradicción entre la afirmación del artículo uno de “Traditiones Custodes” en el que se califica a los libros litúrgicos de San Pablo VI y San Juan Pablo II como “la única expresión de la lex orandi del Rito Romano”, cuando en el artículo siguiente refiriéndose al obispo diocesano, se afirma que “es de su exclusiva competencia autorizar el uso del Missale Romanum de 1962 en la diócesis, siguiendo las orientaciones de la Sede Apostólica.”

De aquí surge un nuevo argumento en favor de la vigencia del Misal de 1962, en flagrante contradicción con aquella frase del artículo uno, repetida por el Papa en su carta, al caracterizar al Misal de San Pablo VI como “la única expresión de la lex orandi del Rito Romano”. Si el obispo puede autorizar el uso del Misal de 1962, es evidente que de suyo el Misal de San Pablo VI, no resulta la única expresión de la “lex orandi”. En consecuencia, el Motu Proprio “Traditionis Custodes” ( Francisco, 2021) tampoco tendría un efecto derogatorio sobre la Bula “Quo primum Tempore” (San Pio V, 1570), que ponía en vigencia el Misal de Trento.

La realidad es que la incoherencia de sus términos y sus sentencias contradictorias, hacen que el texto de “Traditiones custodes” no guarde un mínimo criterio de razonabilidad, que lo haga factible de ser interpretado de manera armónica con los textos anteriores de mayor entidad canónica.

Un aspecto no menor, que debe tenerse en cuenta, fue señalado en 2007, cuando se promulgó “Summorum Pontificum”, y es el número y las intenciones de los fieles que asisten regularmente a la Santa Misa, celebrada conforme al Misal de 1962.

Recordamos, a modo de ejemplo una publicación de aquellos días: “Pensamos que, en general, las facilidades para usar el Misal de Juan XXIII no alterarán en nada la vida de la inmensa mayoría de las comunidades cristianas, habituadas ya, sin dramas, al Misal de Pablo VI. Pero, a la vez, estas disposiciones pueden serenar el ánimo de quienes no se sentían del todo cómodos con la reforma conciliar de la celebración de la Misa.” ( publicado en “Forum libertas”, por Guillermo Juan Morado, 2007).

Estas palabras formuladas hace catorce años, resultan también hoy actuales. El “fantasma cismático” no es real. No sólo por el reducido número de fieles que asisten a la llamada Misa de Siempre, si no porque de entre ellos, son aún menos quienes se oponen al Misal de San Pablo VI. Esta reducción se profundiza, si se pretende tener en cuenta a quienes niegan no ya el Misal, si no propiamente el Magisterio Conciliar.

Más aún, esta prohibición de celebrar conforme al Misal de 1962, no hará más que generar que la Fraternidad San Pío X, fundada por Mons. Marcel Lefebvre y las Congregaciones afines a ella, sean quienes prácticamente detenten la exclusividad del uso del Misal. De esta manera, muchos fieles se verán prácticamente empujados a asistir a aquellas celebraciones, aunque no compartan muchas de las objeciones plantadas por Mons. Lefebvre.

Resulta por demás sorprendente que, frente a esta minoría “sospechosa” de “cismática”, se alza una inmensa mayoría de innovadores, descuidados y hasta destructores de la Liturgia, que alteran sin el menor escrúpulo las formas e indicaciones del Misal Conciliar, declarado por el Papa como la “única expresión de la lex orandi del Rito Romano” (Carta adjunta al Motu Proprio Traditiones Custodses, 2021).

Hechos tan evidentes, nos llevan a no tomar muy en serio, e incluso a descreer de la sinceridad de las palabras de la misma carta citada: “Me duelen por igual los abusos de una parte y de otra en la celebración de la liturgia.” (Carta adjunta al Motu Proprio Traditiones Custodses, 2021). Más bien pareciera, que duelen más los abusos de unos pocos, que la catástrofe generalizada provocada por muchos otros.

El Santo Padre, señala la unidad de la Iglesia como razón fundamental y motivo de la pretendida prohibición de celebrar conforme al Misal de 1962. En su Carta, refiriéndose a las normas derogadas, las caracteriza como: “Una oportunidad ofrecida por san Juan Pablo II y con mayor magnanimidad aún por Benedicto XVI para restaurar la unidad del cuerpo eclesial, respetando las diversas sensibilidades litúrgicas, ha sido aprovechada para aumentar las distancias, endurecer las diferencias y construir oposiciones que hieren a la Iglesia y dificultan su progreso, exponiéndola al riesgo de la división.” (Carta adjunta al Motu Proprio Traditiones Custodes, 2021).

Los argumentos señalados parten de una mirada muy parcial, omitiendo observar que el haber abrazado aquella “oportunidad ofrecida”, fue vista por los fieles como una manera de mitigar los constantes abusos litúrgicos que suceden actualmente y que son en gran parte la causa de la ruptura de la unidad. A esto, se refería el Papa Benedicto XVI: “La garantía más segura para que el Misal de Pablo VI pueda unir a las comunidades parroquiales y sea amado por ellas consiste en celebrar con gran reverencia de acuerdo con las prescripciones; esto hace visible la riqueza espiritual y la profundidad teológica de este Misal.” (carta a los obispos de Benedicto XVI – Summorum Pontificum, 2007)

El Motu Proprio “Traditionis Custodes” se señala que “Para promover la concordia y la unidad en la Iglesia” los Papas San Juan Pablo II y Benedicto XVI, habrían promulgado los Motu Proprios “Ecclesiae Dei”(1988) y “Summorum Pontificum” (2007), respectivamente. Sin embargo, en la Instrucción “Universae Eclessiae” (2011), formulada por la hoy disuelta Comisión Ecclesia Dei, se declaraba: “El motu proprio Summorum Pontificum constituye una relevante expresión del magisterio del Romano Pontífice y del munus que le es propio, es decir, regular y ordenar la Sagrada Liturgia de la Iglesia, y manifiesta su preocupación como Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal. El documento tiene como objetivo: a) ofrecer a todos los fieles la Liturgia romana en el usus antiquior, considerada como un tesoro precioso que hay que conservar; b) garantizar y asegurar realmente el uso de la forma extraordinaria a quienes lo pidan, considerando que el uso la Liturgia romana que entró en vigor en 1962 es una facultad concedida para el bien de los fieles y, por lo tanto, debe interpretarse en sentido favorable a los fieles, que son sus principales destinatarios; c) favorecer la reconciliación en el seno de la Iglesia."

Si bien, el texto referido en el párrafo anterior se encuentra derogado, fue y es una guía en la interpretación del alcance del también derogado Summorum Pontificum y de la intención de Benedicto XVI. Como puede apreciarse, no se reduce solamente al hecho de “favorecer la reconciliación en el seno de la Iglesia”, si no que la preceden, dos razones más, estas son: conservar el uso antiguo como un tesoro precioso, para el bien de los fieles, considerados como principales destinatarios.

Finalmente quisiéramos detenernos en estas últimas palabras del Papa Francisco, en su Carta: “os pido que procuréis que cada liturgia se celebre con decoro y fidelidad a los libros litúrgicos promulgados tras el Concilio Vaticano II, sin excentricidades que fácilmente degeneran en abusos. A esta fidelidad a las prescripciones del Misal y a los libros litúrgicos, en los que se refleja la reforma litúrgica deseada por el Concilio Vaticano II” (Carta adjunta al Motu Proprio "Traditiones Custodes", 2021)

De ellas, simplemente surge para nosotros este interrogante: ¿Las actuales celebraciones conforme al Misal y los libros litúrgicos de 1969 reflejan realmente la reforma litúrgica deseada por el Concilio Vaticano II?


Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

15 de Agosto de 2021