sábado, 29 de septiembre de 2012

Carta del Papa a la FSSPX - según Mons. Tissier de Mallerais



Uno de los cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Mons. Tissier de Mallerais, durante una conferencia pronunciada en Francia los pasados días, en la cual se expresó con términos particularmente duros y absolutamente inaceptables para con la Santa Sede y el Santo Padre, ha revelado que, antes del Capítulo General celebrado en julio, el Papa Benedicto XVI escribió una carta de su puño y letra a Mons. Fellay, superior de la Fraternidad, en la cual afirmó la necesidad de que la FSSPX acepte el magisterio del Concilio Vaticano II y el sucesivo para poder volver a la comunión plena con la Santa Sede. Presentamos nuestra traducción de un artículo publicado en Vatican Insider.

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El 30 de junio pasado, a pocos días del comienzo del capítulo general de la Fraternidad San Pío X, Benedicto XVI escribió una carta al superior lefebvrista, el obispo Bernard Fellay. La existencia de la carta ha sido revelada por monseñor Bernard Tissier de Mallerais, uno de los cuatro obispos de la Fraternidad, cuyas posiciones contrarias al acuerdo con Roma son conocidas, en el curso de una conferencia dada el 16 de septiembre en Francia, en el Priorato de San Luis María Grignon de Monfort.

Esto es lo que ha dicho el prelado: “El 30 de junio de 2012 – es un secreto que os revelo, pero que será hecho público -, el Papa ha escrito de su puño y letra una carta a nuestro superior general, monseñor Fellay: «Le confirmo efectivamente que, para ser realmente reintegrados en la Iglesia, es necesario ciertamente aceptar el concilio Vaticano II y el magisterio post-conciliar».

“Se trata propiamente – ha comentado Tissier de Mallerais – de un punto de ruptura, ya que para nosotros no es aceptable, y no podemos firmar algo así. Se pueden hacer precisiones, porque el Concilio es tan amplio que pueden encontrarse cosas buenas, pero no es esto lo esencial del Concilio”.

El obispo lefebvriano, durante la conferencia, ha pronunciado palabras muy duras: “No se pueden ceder las armas en plena batalla, no buscaremos el armisticio mientras la guerra prosigue: con Asís 3 o 4 el año pasado; con la beatificación de un falso beato, el Papa Juan Pablo II. Una cosa falsa, una falsa beatificación. Y con la exigencia, recordada continuamente por Benedicto XVI, de aceptar el Concilio y las reformas del magisterio post-conciliar”.

Tissier de Mallerais ha dicho también que “la colegialidad, que destruye el poder del Papa, que no se atreve ya a resistir a las conferencias episcopales”, destruye “el poder de los obispos, que no se atreven ya a resistir a los consejos episcopales”. Ha agregado que el ecumenismo “hace respetar los valores de salvación de las falsas religiones y del protestantismo, de las cosas falsas”, mientras la libertad religiosa “deja con gusto construir libremente mezquitas en nuestros países”.

“Evidentemente – agregó el obispo lefebvrista – nosotros no podemos firmar esto. Sobre este punto no hay acuerdo y no habrá acuerdo”. Y a pesar de las insistencias de la “Roma modernista”, Tissier asegura: “Personalmente, no firmaré cosas así, es claro. Nunca aceptaré decir que la nueva Misa es legítima o lícita, yo diré que ella es a menudo inválida, como decía monseñor Lefebvre. Nunca aceptaré decir: «el Concilio, si se lo interpreta bien, tal vez se lo podría hacer corresponder con la Tradición, se podría encontrar un significado aceptable»”.

Después de haber definido “mentiroso” el texto del preámbulo doctrinal sometido el 12 de junio por el cardenal William Levada a Fellay, el obispo lefebvrista ha dicho que el capítulo general de la Fraternidad, reunido el pasado mes de julio, ha tomado “decisiones muy dulces, suaves”, para “presentar a Roma obstáculos tales que Roma no se atreva ya a importunarnos”, poniendo “condiciones prácticamente irrealizables para impedir que nos hagan nuevas propuestas. Pero el demonio es maligno, y yo pienso que ellos volverán al ataque y yo me preparo delicadamente también a defendernos, y la Fraternidad se defenderá”.

Fuente: La Buhardilla de Jerónimo

domingo, 2 de septiembre de 2012

¿ Una voluntad hostil a Benedicto XVI ?




Publicado en el blog Sacro & Profano


Benedicto XVI es un Papa que gobierna. Sigue de cerca los problemas y aplica soluciones concretas según su nada despreciable experiencia en el comando concreto de la Iglesia universal. Algo que puede gustar o no, pero que está por demás acreditado. Ejemplos sobran, como demostramos hace apenas unos días este espacio. ¿Por qué entonces existe y se difunde públicamente una idea totalmente opuesta? ¿De dónde surge la percepción de un pontífice solo, enfermo e incapaz? ¿Es errado pensar en una voluntad hostil, más o menos articulada, al obispo de Roma?


Corría el mes de enero de 2009. Eran todavía tiempos relativamente serenos e insospechados en el ministerio apostólico de Joseph Ratzinger. Nada (o casi nada) podía presagiar el terrible escándalo que, exactamente tres años después, se abatiría sobre la Santa Sede con la publicación de las primeras cartas confidenciales de una larga serie y que darían inicio al escándalo del “vatileaks”.


En esas semanas comenzó a circular en la Curia Romana un dossier inquietante. De escritorio en escritorio se fue propagando un informe que, a la postre, sería realmente profético… aunque en sentido negativo. Un texto que intentaba responder a la misma pregunta aquí planteada: ¿Existe realmente una oposición al Papa en El Vaticano? Escrito originalmente en francés y publicado en la revista “L’Homme Nouveau”, presentamos ahoraen exclusiva y en español una primera parte de este expediente. Es importante encuadrar el artículo en su época histórica y los elementos a disposición en su momento; aún así es sumamente útil para comprender la magnitud de aquello que está en juego hoy en el centro de la cristiandad.



¿EXISTE UNA OPOSICIÓN ROMANA AL PAPA?
L’Homme Nouveau. No. 1437 del 17 de enero de 2009
Por el Padre Claude Barthe


Regularmente, llegan preguntas a las oficinas de L’Homme Nouveau. ¿Por qué razón tal o cual prelado ha podido lanzarse en una declaración tan evidentemente contraria al Catecismo? ¿Por qué tal decisión del Papa encuentra una oposición tan fuerte en los medios eclesiásticos? Esas preguntas no provienen de aquellos que han hecho profesión de oponerse a la Iglesia. Al contrario, dichas preguntas manifiestan una fidelidad intacta pero también una herida abierta. Por esta razón hemos decidido realizar una encuesta, por el honor del Papa y la defensa de la fe de los fieles, con el fin de saber quiénes son esos “lobos” que mencionaba Benedicto XVI en la homilía de su entronización, cuando pidió que oraran por él.


Conforme avanza el pontificado de Benedicto XVI, se muestra su voluntad de restablecer con prudencia y tenacidad el orden de una Iglesia conmocionada en todas sus partes desde hace casi medio siglo.


Restablecer el orden, ¿principalmente en qué aspectos? Para mañana, muchos esperan una “reforma de la reforma” litúrgica, que anuncie la cualidad de las celebraciones pontificias. Enseguida, algunos piensan que podría surgir una “reforma de la reforma” doctrinal en aquellos puntos del Vaticano II que a menudo han dado lugar a una “interpretación de ruptura”. Sin embargo en lo inmediato, es una “reforma de la reforma” política lo que ocurre; los hombres “de ruptura” son aquellos, que han sido reemplazados, unos después que otros, en los puestos de responsabilidad por los hombres “de continuidad” – para utilizar los mismos términos del discurso de Benedicto XVI a la Curia del 22 de diciembre de 2005 – , los prelados en la línea del Papa, teólogos, liturgistas, administradores, especialmente sobre ese tablero tan complejo que constituye la Curia romana. ¿Que no ha sido muy rápido? Hay que tomar en cuenta que poner en vigor la “hermenéutica” del Vaticano II por muy concreta y eficaz que pueda ser, la que van a ejercer en los actos de los hombres nuevos en sintonía con los sacerdotes y los fieles que quieren voltear la página de un periodo desastroso, encuentra dificultades y resistencias extremadamente poderosas y determinadas.


Un viaje simbólico


Para sorpresa de los medios, que en forma poco inteligente anunciaron que el viaje a Francia del Papa “integrista” sería un fracaso, porque no pudieron analizar finamente el alcance de su éxito, Benedicto XVI reunió a su alrededor a un catolicismo nuevo – constituido por sacerdotes “identificados” , por fieles en su mayoría jóvenes, por familias evidentemente muy practicantes – , en el cual la aportación de todas las “fuerzas vivas”, comunidades nuevas, tradicionalismos de todas sensibilidades, escuelas católicas que renacen, escultismo, fue visiblemente mayoritaria. Sin embargo no hay que exagerar la importancia del número – la misa en los Inválidos reunió a sacerdotes y fieles que venían de todas partes de Francia – ni su homogeneidad bastante indecisa, esencialmente carente de pastores diocesanos y locales que le imprimieran un diseño reformador, misionero e inevitablemente político. Pero ese catolicismo con una nueva cara muestra al menos una capacidad de movilización que ya no tienen los otros componentes del cuerpo cristiano, envejecidos y agotados.


Es preciso tener en cuenta el peso de la modernidad de la cual no puede escapar, de la impregnación de un individualismo desolador, de un déficit cultural angustioso, del poder de la tentación “burguesa” que se ejerce sobre él, en los diversos sentidos de ese término – moral, sociológico, ideológico, ¿tendrá la fuerza de comprometerse en un proceso de reforma de la Iglesia, en la acepción tradicional de esa palabra, con las exigencias de un retorno disciplinario, ascético, intelectual, doctrinal, cultural y estético, espiritual?


Una transición tranquila


La transición que Benedicto XVI pretende llevar a cabo para hacer salir a la Iglesia de un estado de “apertura”, es decir de disolución en el mundo (el mundo moderno), y para hacerla encontrar de nuevo un estado de verdadera reforma (d’Ecclesia Semper reformanda), es una transición muy tranquila. Parece, en efecto, al tomar en cuenta el estado del enfermo, que la cura solo puede ser homeopática. ¿Sin embargo, no será muy lenta para lograr resultados? En todo caso, en este momento, ese mismo catolicismo, con sus debilidades y sus expectativas, está perfectamente en fase con el Papa elegido en 2005. Pero esa correspondencia es como un arco eléctrico sobre las cabezas de la mayor parte de las elites eclesiásticas en los puestos, todavía estancadas en los modos de pensar y de ser – o más bien de desaparecer – de una interminable crisis postconciliar.


Inclusive en Roma, está siempre sólidamente instalado un grupo de altos funcionarios eclesiásticos “de ruptura” que son todavía más temibles porque se sienten amenazados y que constituyen una verdadera oposición al Papa. El rápido boceto que voy a realizar pretende solamente llamar la atención que merece sobre una galaxia compleja (también evolutiva) y sobre los mecanismos de obstrucción, de freno y de antagonismo que utiliza. (Continúa…)

domingo, 26 de agosto de 2012

La reforma litúrgica de Benedicto XVI






El padre Paul Aulagnier no necesita presentación por ser una  figura histórica del movimiento tradicionalista y autor de varios libros relacionados con las cuestiones planteadas por este medio. Su último libro, La reforma litúrgica de Benedicto XVIun inventario, ha sido publicado por Godefroy de Bouillon, en una edición de bolsillo que lo hace fácilmente transportable y, de hecho, una obra de divulgación en el mejor sentido del término (124 páginas, 12 €).
En este libro, el autor arranca de la histórica publicación del motu proprio Summorum Pontificum y, desde allí, intenta llegar a conclusiones sobre lo que él denomina la reforma litúrgica del Papa Benedicto XVI. El conocimiento perfecto de la materia, tanto desde una perspectiva práctica como histórica, que tiene el autor hace que este análisis sea importante de leer y conocer. Además, recuerda varios acontecimientos importantes que han afectado a la lenta recuperación de la Misa tradicional en la Iglesia.
Por ejemplo, el padre Aulagnier recuerda que en 1986 una comisión de cardenales instituida por el Papa Juan Pablo II, había sido favorable a la devolución del misal tridentino y el mismo Papa no era hostil. Pero los obispos han impedido cualquier decisión en este sentido por lo que hubo que esperar hasta 2007 para que este reconocimiento se planteara públicamente, en otro pontificado.
Aulagnier disecciona todos los textos importantes sobre el tema y trata de mostrar que Benedicto XVI considera que el rito romano del futuro deberá ser un solo rito, celebrado en latín o en lengua vulgar, pero basado enteramente en la tradición del rito antiguo“. De ahí la importancia que atribuye, después de años, al libre uso del misal tridentino. Esta posición fue, básicamente, la que el cardenal Ratzinger expuso en las Jornadas Litúrgicas de Fontgombault.
¿Sigue siendo esta posición la del Papa Benedicto XVI?
El texto del motu proprio Summorum Pontificum y la carta adjunta a los obispos no son tan claras. Ciertamente, uno puede imaginar que el Papa fue presionado – y de hecho los obispos franceses y alemanes, por ejemplo, se movilizaron antes de la publicación del Motu Proprio – y ha atenuado su verdadero deseo hasta el punto de contradecir -como subraya Aulagnier- algunos principios del pensamiento de Monseñor Gamber que el cardenal Ratzinger había presentado como referencia.
Más que los textos del Pontífice es su praxis la que parece más mesurada. Si bien hay alguna enseñanza, muy lenta, con el ejemplo de Benedicto XVI, fuera del motu proprio, no ha sido aplicada por la autoridad suprema ninguna decisión práctica para la “reforma de la reforma”.
Ciertamente, el efecto del motu proprio requiere – y esto ya es enorme – que las misas tradicionales aumenten en todo el mundo, pero ninguna reforma del Misal de Pablo VI se ha llevado a cabo en realidad, a excepción de las correcciones en el mundo anglo-sajón de las traducciones litúrgicas, obra decidida antes de la llegada de Benedicto XVI al Pontificado.
Aulagnier termina su libro con una cita de la Conferencia de París de Monseñor Schneider sobre las cinco llagas de la liturgia. Esta conferencia da mucha esperanza en la medida que enumera una serie de problemas. Pero ni el obispo Schneider es el Papa ni ha recibido la misión de corregir la nueva liturgia. Por ello podemos entender al padre Aulagnier cuando dice que es difícil de tratar de la misma manera los dos misales, porque sería dar por resuelto un problema que permanece intacto para quien se mantiene adherido a la Misa tradicional.
El subtítulo de su libro es justo. Estamos todavía en el inventario.
Texto publicado en "TRADICIÕN DIGITAL"

sábado, 18 de agosto de 2012

¿ Encontrará Fe sobre la tierra?




Verumtanen Filius hominis veniens, putas, inveniet fidem in terra? (Lc 18, 8)

Una de las preguntas más enigmáticas del Evangelio se presenta este domingo:¿Cuando venga el Hijo del Hombre, acaso, encontrará fe sobre la tierra?

Pablo VI, en sus famosos diálogos con Jean Guitón, afirmaba que para él constituía una preocupación constante: "Yo me pregunto si estos tiempos no son los aludidos en el interrogante", y agregaba: "(...) a veces se niegan verdades importantes de fe y episcopados enteros callan". Incluso afirmó "(...) puede ser que un tipo de pensamiento no católico llegue a predominar en la Iglesia, pero por fuerte que sea, nunca será el pensamiento de la Iglesia". Sin embargo, en tono esperanzador concluía; " (...) es necesario que subsistan pequeños restos que, por pequeños que sean, desde allí podrá encenderse la hoguera de la verdad y de la caridad".

Así citaba a Pablo VI, el Padre Juan E. Arnau, en una edición del Semanario "Cristo Hoy", en el año 2007. Un escrito de lo más recomendable, sin lugar a dudas. Confieso que la lectura de este párrafo, con que comienza el artículo del P. Arnau, me ha dado mucho que pensar.

En los últimos años, la doctrina de la Iglesia, parece haber sido olvidada. Los postulados de la moral cristiana, han sido expresados con poca claridad en las clases de catecismo y en los sermones, y en no pocos casos simplemente omitidos.

¿Cuantos de nosotros hemos tenido que aprender las verdades de Fe por propia iniciativa, ante la ausencia de nuestros pastores? Se han pretendido "fusionar" ideas de otras religiones con la doctrina de la Iglesia. Se ha llegado al punto de "exportar" modos de oración de cultos protestantes y se los ha incluido, sin ningún escrúpulo, en la celebración del Santo Sacrificio. Se ha contrariado cuanta norma litúrgica se ha podido. No solo se ha profanado la Eucaristía, el tesoro más sagrado de la Iglesia, sino que aquellos que debían velar por ella permanecieron y permanecen en silencio. "A veces se niegan verdades importantes de fe y episcopados enteros callan", así afirmaba Pablo VI hace treinta años, y aún hoy sus palabras tienen una vigencia impresionante.

Me resulta inevitable relacionar estas ideas con la Santa Misa. Hace unos años, yo mismo escribí estas palabras:

"Muchos cristianos somos testigos diariamente de abusos en la celebración de los Santa Misa. Cuantos sacerdotes cometen auténticos sacrilegios mientras celebran, innovando o alterando las ceremonias, añadiendo comentarios propios a las oraciones u omitiendo cumplir con las rúbricas. Cuantos fieles comulgando en pecado o sin la debida preparación.

Estos pecados entrañan una maldad infinitamente superior a cualquier otro. Están dirigidos directamente a la Persona de Nuestro Señor. ¿Cómo es posible que el acto más sagrado de nuestra Fe, la Santa Misa, sea profanado impunemente por aquellos mismos que tienen el gravísimo deber de custodiarlo y celebrarlo? Este debe ser sin duda el más horrendo, vil y bajo de todos los pecados."

¿No es acaso, todo esto fruto de aquel "pensamiento no católico" al que se refiere Pablo VI? ¿No es este el motivo por el cuál infinidad de fieles hemos suplicado por el reestablecimiento del Rito Tridentino? ¡Cuantas almas escandalizadas! ¡Cuantos justos confundidos! Pienso en tantos que en los últimos años y aún hoy, son perseguidos y despreciados por sus mismos pastores y hermanos en la fe, solo por defender la Verdad. Pienso en la voz de los Papas tantas veces desobedecida, olvidada y atacada, no ya por quienes están fuera de la comunión de la Iglesia, sino por clérigos y laicos, que se dicen "católicos". 

¡Cuantas almas perdidas para siempre! ¡Cuantos cristianos inmersos en la ignorancia! Todo ello consecuencia directa de años de enseñar el error u omitir la verdad. Unos pocos "falsos pastores" predicando la herejía, y otros muchos "pastores mudos" evitando corregirlos. Y finalmente, unos pocos que fieles a la tradición de la Iglesia y al Santo Padre, alzan su voz, son perseguidos. Me viene a la memoria aquella otra frase de Pablo VI: "El humo de Satanás ha penetrado en la Iglesia".

La oración de los cristianos librará a la Santa Iglesia de estos males. La Santa Misa y el Rosario, los modos más prefectos y eficaces. Dos recursos poderosísimos, pues no son medios humanos, sino Divinos. Dones de Dios, que nos asistirán en la lucha contra el maligno.

Es hora de hacer un "mea culpa" y reconocer que hemos rezado y rezamos poco. Recemos pues, por el Papa sobre todo. Sobre sus espaldas cae todo el peso de la Iglesia. Durante su pontificado, ha quedado más que claro que es consciente de la gravedad de esta situación. Pero lo más importante, ha sido que ha actuado consecuentemente, y ha puesto todos los medios para poner fin a esta crisis. ¡No podemos dejar al Santo Padre solo!

Estoy seguro, estimados amigos, que nada de esto les resulta extraño. No hace falta ser un ilumidado, para darse cuenta que en este tiempo, la Iglesia está "crucificada". Como Cristo Señor Nuestro clavado en la Cruz, parece esconder su origen divino. Sin embargo, el Calvario no será eterno. Como su Esposo, la Iglesia surgirá gloriosa de este trance, con todo su esplendor..


"Portae inferi non praevalebunt adversus eam"(Mt. 16, 18) 



Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

domingo, 5 de agosto de 2012

El ustedes y el vosotros en la Liturgia


APUNTES DE UN TRADUCTOR DE SAGRADAS ESCRITURAS

P. Fr. Patricio H. Battaglia O.P.


Sobre los pronombres personales de segunda persona del plural "vosotros" y "ustedes", sus formas pronominales posesivas y la repercusión de su uso en las versiones castellanas de la Sagrada Escritura.

La lengua castellana -como toda lengua- tiene sus formas morfológicas oficiales y diversos usos regionales y niveles según los multiformes ambientes de la vida de los seres humanos.
Nos concierne el tema gramatical de la segunda persona del plural.
En España la forma "vosotros" es familiar, mientras que el "ustedes" pone distancia. En Hispanoamérica "ustedes" se usa tanto en el trato familiar como para poner distancia. Depende del tono.
Pero eso no significa que "vosotros" nos sea ajena o extranjera: ocupa su lugar como forma oficial de la segunda persona del plural especialmente en la lengua escrita, en la poesía y a veces cuando la solemnidad de la ocasión lo requiere. Es un "nivel" del lenguaje que nos es familiar sobre todo por la escuela y la literatura. "Vosotros" es el único pronombre que tiene formas verbales y pronominales propias de la segunda persona del plural en cuanto tal, es decir, del "tú" plural (amáis, amad, vuestro, vuestras, etc.) mientras que "ustedes" ("vuestras mercedes") se usa con las formas verbales y pronominales de la tercera persona del plural (aman, amen, sus, etc.), con la consiguiente ambigüedad.
Las lenguas jóvenes y primarias conocen sólo el "tú" y el "vosotros". Así sucede en hebreo, arameo, griego, latín, gaélico, etc. La introducción de las formas de distancia o cortesanas ("vuestra merced", "vuesarced", "su Majestad", los originalmente femeninos "Lei" en italiano, significando "la sua Signoria" o algo parecido, análogo a "Sie" en alemán) es típica de épocas más tardías y envejecidas del idioma, marcada por la atmósfera cortesana o burguesa de la forma de vida: uno se dirige indirectamente al interlocutor o a los interlocutores con las consiguientes formas verbales y pronominales de tercera persona: "su Señoría quiere"; "ustedes vuelven a sus antiguas costumbres". Con la amplia difusión del pronombre "ustedes" en castellano latinoamericano resultó una notable ambiguedad no sólo en las formas verbales sino especialmente en el posesivo "su/sus", que puede significar "de usted varón", "de usted mujer", "de él", "de ella", "de ustedes varones", "de ustedes mujeres", "de ellos" o "de ellas".
La "segunda persona" gramatical tiene una inmensa importancia en la Teología, especialmente en la Sagrada Escritura y en la Liturgia. Dios es llamado "Tú" por la creatura en la Historia de Salvación, en los Salmos, en las oraciones de la Iglesia. De igual manera, frecuentísimamente Dios se dirige a una segunda persona singular o plural. Dios llama y trata de "Tú" a un patriarca, a un profeta, a su Ungido. Llama y trata de "vosotros" a su pueblo con especial solemnidad y énfasis, tanto en el Antiguo Testamento (es clave de la vocación y de la querella con el pueblo elegido), como en el Nuevo Testamento: especialmente en la relación Cristo-discípulos, Cristo-Iglesia.
El pronombre personal "vosotros", en consecuencia, adquiere una importancia inmensa, con todas las formas verbales y los pronombres posesivos correspondientes que se van hilvanando en el discurso divino. Así vemos, por ejemplo, la maravillosa frase de Isaías 55, 8: "Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos -oráculo de Yahveh-. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a vuestros caminos y mis pensamientos a vuestros pensamientos".
Dios se dirige a su pueblo en la segunda persona plural y el posesivo ''vuestro'' adquiere un énfasis insustituible. El posesivo "sus", que corresponde a "ustedes" ("sus caminos", "sus pensamientos") es ambiguo. Podría tratarse de una tercera persona del plural "ellos", y el discurso perdería su fuerza. Lo mismo puede verse en la célebre frase de Cristo a María Magdalena en Jn 20, 17: "Le dice Jesús: No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios".
La sustitución de "vuestro" por "su" introduciría una ambigüedad teológicamente inadmisible, mientras que el añadir "de ustedes" destruiría el versículo desde el punto de vista literario (el ritmo, la simetría, la proporción, en una palabra, la belleza del mismo).
Los ejemplos podrían multiplicarse indefinidamente: muchos de éstos son pasajes claves del Antiguo y del Nuevo Testamento.
Viceversa, hay multitud de pasajes en que es muy deseable que se palpe, como en hebreo y en griego, que se está en presencia de formas verbales y pronominales de tercera persona. Se está hablando de un "ellos' que es una expresión prototípica de la Sagrada Escritura: Dios habla a su profeta de un "ellos" misterioso que camina a la perdición; el salmista pide auxilio a su Dios contra un "ellos" a veces innominado que son sus "perseguidores", o "los malvados", o "los idólatras, gentiles", etc. La tercera persona aleja de la intimidad divina sea para abandonar a la "Casa Rebelde" o los gentiles, o por el contrario pidiendo que desde la lejanía se conviertan al Señor.
Hay ejemplos copiosos:

Multiplican ["ellos' innominados] las estatuas de dioses extraños;
no derramaré sus Iibaciones con mis manos ni tomaré sus nombres en mis labios.

                                                                                                                     Salmo 15



Del mismo modo, en un pasaje central del Sermón de la Montaña (Mt 5, 14-16) leemos:

Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad puesta en lo alto de un monte. Ni encienden una lámpara y la ponen debajo de un recipiente sino sobre el candelabro, e ilumina a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

El juego entre el "vosotros" (el "tú" plural del Cuerpo de Cristo) y sus posesivos "vuestras" y "vuestro" contrastan admirablemente con el sujeto indeterminado "encienden" y "ponen" y con las terceras personas del plural "todos los que están e!1la casa" Y "los hombres", de los que se predica que "vean" y "glorifiquen". De las solas formas gramaticales surge todo un hilo para una profunda exégesis y reflexión teológica.
En cambio, si el pasaje es "traducido" al uso del pronombre "ustedes", resulta una total confusión. No se sabe quiénes encienden y ponen la lámpara, de quién es la luz, de quiénes son las buenas obras y de quiénes es el Padre que está en los cielos. Cuestiones no indiferentes, sin duda.


Apéndice sobre Sagrada Escritura y Liturgia

La tesis de que el lenguaje de las traducciones de la Sagrada Escritura -o su lectura en la liturgia- debe acercarse lo más posible al lenguaje de la calle es lo que se llama propiamente un prejuicio. No se la somete al examen de la luz de la razón ni de las ciencias. Es, en verdad, la postura de una escuela litúrgica, que -como todas las
escuelas sujetas a la moda- hoy están y mañana pasarán. Habrán envejecido. Todo lo que se aparta del sentir de la piedad tradicional de la Iglesia, se aparta de la fuente de la eterna juventud, pierde el contacto con aquello que es siempre nuevo porque es eterno. La Iglesia ama e incorpora lo nuevo, pero no incorpora el error, o la fealdad. Muchas de las modas litúrgicas de los clérigos de hoy ofenden a la piedad de los fieles, viejos y jóvenes, distinguidos o humildes.
1. Una vez más asistimos a un signo de división entre los clérigos, con el inevitable desconcierto de los laicos. Pues unos ministros se acomodan al uso nuevo, mientras que otros se atienen al tradicional.
2. Se da también la división dentro de la Acción Litúrgica, pues unas partes de la misma tendrán lugar con el tratamiento de "ustedes" con formas verbales y pronominales de la tercera persona del plural, mientras que otras partes (por ejemplo la Consagración) se hacen hasta ahora con la segunda persona del plural "vosotros" y las formas verbales correspondientes.
3. El deseo de expresarse "en el idioma exacto que habla la gente de la calle", con la pretensión de serles cercanos e inteligibles, desconoce principios elementales de la lingüística.
Toda lengua tiene diversos niveles: diferencias regionales, sociales, profesionales, literarias, etc. El creyente, consciente de que a Dios se debe un trato especial, siente la necesidad de una liturgia de singular belleza. "Decef". Corresponde. Es bello. Lo contrario sería vulgar, inadecuado, con una "sombra moral" en razón de las circunstancias, importante fuente de la moralidad.
Por ejemplo, en Suiza la Misa no se celebra en el dialecto que la gente habla todo el día, sino en alemán Hochdeutsch (o como dicen ellos: in der Hochsprache) que es el idioma de la escuela y de los libros. Alemania, Italia, los países escandinavos, etc., están poblados de infinidad de dialectos de gran pujanza en la vida cotidiana. Sin embargo, la Liturgia -incluso la homilía- en dialecto sería impensable, inimaginable a toda persona de criterio, culta o ruda. No hay misales ni leccionarios en alemannisch ni en suavo ni en napolitano ni en siciliano ni en romanesco, por nobles que sean estos dialectos, algunos de los cuales tuvieron y tienen sus poetas y sus folkloristas de renombre. Así también los gramáticos de la lengua castellana -extendida en vastísimos territorios y carente de dialectos- han acordado formas morfológicas donde los usos regionales deben encontrar su punto de convergencia.
Las lenguas tienen sus niveles. No se habla el mismo nivel en la casa, en la calle, en la ·escuela, en los Tribunales, en los discursos cívicos, en la Acción Litúrgica. Esto es un patrimonio universal de la humanidad, del hombre que pronuncia su palabra en la variedad del cosmos que Dios le ha dado.


Apéndice litúrgico II

La Conferencia…, en Asamblea Plenaria Extraordinaria,… con firma de…., pide a la Santa Sede la concesión del uso de "ustedes".
Entre las razones que ofrece dice (citamos textualmente):

1. "Se justificó el cambio para superar el apego a lenguaje del pasado que ya no se usa". Error grave: en España "vosotros" se usa y es cada vez más presente; en Hispanoamérica nunca fue "pasado" pues desde los tiempos de la Conquista se difundieron usos de la época, de especial respeto, como "ustedes" e incluso "vos". en lugar de "tú" en algunas regiones.
2. "Vosotros es exclusivo masculino, mientras el ustedes es neutro y por tanto estaría más de acuerdo con el respeto a la diversidad de género". Otro error de gramática, además del intento de introducir en la lengua castellana un problema típico de la lengua inglesa en las últimas décadas.
3. "La lengua evoluciona y en este tema esa es (sic!) la evolución la que recomienda el paso al ustedes'. La lengua evoluciona, pero no en este tema. Tercer error.
En un documento anterior (9-11-98) se confunde "vosotros" con el "plural mayestático". Se ignoran nociones elementales de gramática, que antiguamente aprendíamos en la escuela primaria y secundaria.

Se dice en Irlanda: "Tierra sin lengua, tierra sin alma".
  

domingo, 15 de julio de 2012

Mons. Rifán en la Coronación de Nuestra Señora de Aparecida - 8 de septiembre de 2004


A continuación publicamos el comunicado del Padre Pelegrini, vocero de la Administración Apostólica San Juan María Vianney, de la diócesis de Campos. Este comunicado ha sido escrito ,en 2004, para defender a Mons. Rifán, Obispo de la administración apostólica instituida por Juan Pablo II, de las acusaciones de la Fraternidad San Pío X por haber asistido públicamente a la “misa” nueva, traicionando así la obra de Mons. de Castro Mayer. Al publicar este comunicado ciertamente no pretendemos aprobarlo, al contrario. Sin embargo, pensamos que pone en evidencia el verdadero problema: el de estar o no en comunión con Juan Pablo II.
En la enumeración de los actos de Mons. de Castro Mayer y de Mons. Lefebvre que concilian con el nuevo misal, el vocero de Mons. Rifán -cuyo episcopado desciende también de Mons. Lefebvre y de Mons. de Castro Mayer (a través de Mons. Rangel)- no es honesto, ya que omite las declaraciones opuestas de los dos Obispos. A propósito de Mons. de Castro Mayer recordamos entre otras cosas, las aprobaciones del “Breve examen crítico del novus ordo Missae” y del libro “La misa de Pablo VI”, en que se habla de la hipótesis del Papa herético; su aprobación pública de la “Carta a un Obispo” en que se condenaban los errores del Vaticano II y de Juan Pablo II por parte de los teólogos sostenedores de la Tesis de Cassiciacum; la Declaración episcopal contra Juan Pablo II junto a Mons. Lefebvre; la declaración de vacancia de la Sede Apostólica, en presencia del Padre Rifán, a su llegada a Ecône para las consagraciones episcopales; y finalmente este último gesto que les valió a los dos Obispos la “excomunión” de Juan Pablo II. No obstante, los errores e incoherencias de los dos Obispos recordados en este documento son un amargo desengaño para quienes los han tenido (especialmente a Mons. Lefebvre) por infalibles e impecables...
A este tema “Sodalitium” consagra el artículo del Padre Carandino, que es como un llamado a los sacerdotes y a los fieles de la Fraternidad San Pío X para que eviten el triste final de Campos, corrigiendo los errores doctrinales señalados en este documento (¡nefas est ab inimicis discere!).
Sodalitium
El 8 de septiembre próximo pasado, en el Santuario Nacional de la Aparecida en San Pablo, tuvo lugar la coronación oficial de la imagen de la Patrona de Brasil, Nuestra Señora de la Concepción, en conmemoración del centenario del mismo acto realizado por orden de San Pío X, para el 150 aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción de María. Con la presencia del Legado Pontificio, representante oficial del Papa, Cardenal Eugenio Sales, quien presidió la ceremonia y leyó un mensaje del Papa, también del Nuncio Apostólico y de un centenar de Cardenales, Arzobispos, Obispos y Sacerdotes de todo el Brasil, de representantes de la familia imperial, del ministro representante del Presidente de la República, del presidente de la cámara de diputados, del gobernador de San Pablo y de otras autoridades civiles y militares, la Ssma. Virgen fue nuevamente coronada y proclamada Reina del Brasil. El Brasil estaba a los pies de su Reina. La coronación se realizó durante una Misa celebrada en el Santuario Nacional por el Legado Pontificio, Su Emcia. el Cardenal Eugenio Sales, acompañado por el Cardenal Primado de Brasil y Arzobispo de Aparecida.

Mons. Fernando Rifán, nuestro Obispo Administrador Apostólico fue invitado, como todos los otros Obispos, a la ceremonia de la coronación. Es normal que Mons. Rifán, que es un Obispo legítimo de la Santa Iglesia, Obispo de una circunscripción eclesiástica oficial de la Iglesia Católica, haya sido invitado a una ceremonia de la Iglesia Católica y haya estado presente como todos los otros obispos. Hubiera sido anormal que no fuese invitado, o que no hubiera aceptado la invitación. Así, él participa en las reuniones de los Obispos y es consultado por la Nunciatura Apostólica sobre cuestiones que interesan a la Iglesia, como todos los Obispos.
Por eso, Mons. Rifán estimó conveniente y necesaria su presencia al lado de los demás Obispos católicos, en nombre de la Administración Apostólica, en la ceremonia oficial de Coronación de Nuestra Señora Aparecida, de su proclamación como Reina y Patrona del Brasil y consagración de la nación. Ceremonia particularmente importante, dada la invasión de sectas protestantes en nuestro país que multiplican los ataques a la Ssma. Virgen, y especialmente a su Inmaculada Concepción.
Algunos exponen dudas acerca de la participación ocasional de Mons. Rifán y de algunos de sus sacerdotes en la Misas celebradas según el Rito de Pablo VI.
Les recordamos que Mons. Rifán es un Obispo católico, miembro del episcopado católico en comunión con Su Santidad el Papa. Él, como todo Obispo católico, aunque de rito diverso, debe manifestar que está de hecho en plena comunión.
Nadie puede ser católico si mantiene una actitud de rechazo de la comunión con el Papa y el Episcopado católico. En efecto, la Iglesia define como cismático a quien rechaza someterse al Romano Pontífice y mantener la comunión con los miembros que le están sometidos (canon 751). Por lo cual, rechazar continua y explícitamente participar en toda misa según el rito celebrado por el Papa y todos los Obispos de la Iglesia, por pensar que este rito es en sí mismo incompatible con la Fe o pecaminoso, representa un rechazo formal de la comunión con el Papa y el Episcopado católico.
No se puede negar el hecho objetivo de que hoy el rito de Pablo VI es el rito oficial de la Iglesia latina, celebrado por el Papa y todo el Episcopado católico.
Como nuestra Administración Apostólica tiene su rito propio, el Rito Romano en su forma tradicional, la Misa llamada de San Pío V, conforme a la concesión del Santo Padre Juan Pablo II, Mons. Rifán y todos los sacerdotes de la Administración Apostólica celebran exclusivamente la Misa tradicional. Y así es en todas nuestras parroquias e iglesias. Y Mons. Rifán logró que muchos Obispos abran sus diócesis a la Misa tradicional. Y él, a su vez, se hace presente en la otra liturgia, cuando es necesario o cuando lo exigen las conveniencias de las circunstancias.
Como declara el Cardenal Darío Castrillón Hoyos en una reciente entrevista para la revista norteamericana Latin Mass, del 5 de mayo de 2004: “El actual Administrador Apostólico, Mons. Fernando Rifán, es un infatigable constructor de puentes”. Su testimonio personal demuestra que esta colaboración con el episcopado local es verdaderamente positiva. Sin sacrificar nada de la identidad que el Santo Padre ha reconocido como legítima para los católicos apegados a la forma litúrgica y disciplinar anterior de la Tradición latina. Y el hecho de que el Santo Padre haya concedido a esta Administración Apostólica el Rito de San Pío V como Rito ordinario, muestra una vez más que Su Santidad y la Sede Apostólica responden generosamente a las legítimas aspiraciones de estos sacerdotes y fieles de Campos”.
Pero se trata de una lucha que ha durado largos años, coronada ahora con el éxito, para obtener la regularización canónica en el seno de la Iglesia. Las verdaderas y auténticas razones por las que conservamos la Misa llamada tradicional, se exponen detalladamente en nuestra publicación Ontem, Hoje, Sempre nº 78, que se puede consultar en nuestro sitio http://www.seminario-campos.org.br.
Sin embargo, aunque amamos, custodiamos y preferimos la Misa tradicional, no consideramos y no podemos considerar al nuevo rito de la Misa, una liturgia universal promulgada por la suprema autoridad de la Iglesia y adoptada por unanimidad desde 35 años por toda la Iglesia docente, como inválida, herética, heterodoxa o pecaminosa. A pesar de nuestras reservas sobre la Reforma Litúrgica, su crítica no puede sobrepasar los límites de la doctrina católica sobre la indefectibilidad de la Iglesia, la infalibilidad pontificia y el respeto debido al Magisterio de la Iglesia. Si en el pasado se sobrepasaron algunos de estos límites, también por nosotros, a causa de las circunstancias, del ardor de la batalla o del hecho de que se quiso imponerla, debemos en adelante corregir algunas expresiones y volver a colocarlas dentro de los límites de la doctrina católica. Precisar mejor la expresión de la doctrina y corregir cualquier imperfección no significa renunciar al pasado y abandonar la lucha.
A su vez, perseverar en el error sería diabólico. También Mons. Marcel Lefebvre ha pedido perdón por algunos errores suyos: “Si algunas de mis palabras o algunos de mis actos fueron desaprobados por la Santa Sede, pido perdón” (carta a la Congregación para la Doctrina de la Fe, 8 de marzo de 1980).
Ya que, si consideramos, en teoría o en la práctica, la Nueva Misa en sí misma como inválida, herética, sacrílega, heterodoxa, pecaminosa, ilegítima o no católica, tendremos que sacar las consecuencias de tal posición teológica aplicándolas al Papa y a todo el episcopado mundial, vale decir a toda la Iglesia docente: que es preciso aceptar que la Iglesia (1) ha promulgado oficialmente, conservado por décadas y que ofrece a Dios todos los días un culto ilegítimo y pecaminoso -proposición condenada por el magisterio- y que entonces las puertas del infierno han prevalecido contra ella, lo que sería una herejía; o que habría que adoptar el principio sectario de que la Iglesia somos nosotros y que fuera de nosotros no hay salvación, y esta sería otra herejía. Estas posiciones no pueden ser aceptadas por un católico, ni en teoría ni en la práctica.
Luego, nuestra participación se deduce de principios doctrinales. Eso no significa que no tengamos reservas respecto del nuevo rito, como ya hemos respetuosamente hecho presente a la Santa Sede. Nuestra participación tampoco significa la aprobación de todo lo que puede ocurrir. Estar unido a la jerarquía y en perfecta comunión con ella, no significa aprobar los numerosos errores que capitanean hoy en el seno de la Santa Iglesia provocados por su parte humana. Es claro que deploramos vivamente, con el Santo Padre, que la Reforma Litúrgica haya dado lugar a la ambigüedad, libertad, creatividad, adaptaciones, reducciones e instrumentalización (Ecclesia de Eucharistia, nros. 10, 52, 61), que haya podido ser origen de numerosos abusos y conducido en algunos ambientes a la pérdida del respeto debido a lo sagrado (Cardenal Gagnon, Offerten Situng Römisches, nov.-dic. 1993, pág. 35). Sobre todo, rechazamos toda profanación de la liturgia, como por ejemplo las misas en las que “la Liturgia degenera en un show, en el que se intenta hacer la religión interesante añadiéndole cosas de moda... con éxito efímero en el grupo de fabricantes de liturgia”, como critica el cardenal Ratzinger (Introducción al libro de Mons. Klaus Gamber, La reforma litúrgica, pág. 6).
Por lo tanto, conservamos el venerable rito de San Pío V, pero “cum Petro et sub Petro”, en plena comunión.
Como ya ha escrito Mons. Rifán en su primera Carta Pastoral del 5 de enero de 2003 al clero y a los fieles de nuestra Administración Apostólica: “Dado que, como dice el cardenal Ratzinger, actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la crisis de la Iglesia que vivimos hoy depende en gran parte de la destrucción de la Liturgia (Card. Ratzinger, La mia vita, pág. 113), conservamos en nuestra Administración Apostólica, por mayor tranquilidad y seguridad, con todo amor y devoción, gracias a la facultad concedida por S.S. el Papa, la Liturgia y la disciplina litúrgica tradicional como rito propio, este gran tesoro de la Iglesia, como una auténtica profesión de fe católica y en perfecta comunión con la Sede de Pedro. Y el Santo Padre nos tranquiliza diciéndonos que nuestro apego a la tradición litúrgica del Rito Romano es legítima (...). Pero nosotros conservamos la Tradición y la Liturgia tradicional en unión con la Jerarquía y el Magisterio viviente de la Iglesia, no en oposición a ellos ”.
Del mismo modo, Mons. Antonio de Castro Mayer, a pesar de las críticas que respetuosamente envió a la Santa Sede sobre la Misa Nueva, permitió cuando era Obispo diocesano, iglesias y parroquias con la Misa Nueva; nombró vicarios parroquiales a sacerdotes que celebraban la nueva Misa; asistió con un sacerdote, su secretario (el Padre Fernando Rifán) a la nueva Misa celebrada por el Padre José Goncalves en Niteroi; celebró la Misa versus populum en altares en que se celebraba la Misa nueva; reprendió a laicos que llamaban a la misa tradicional la “verdadera misa” por oposición a la misa nueva, recordándoles que también la nueva Misa era la verdadera Misa; asistió habitualmente en la parroquia Santa Generosa de San Pablo, a la Misa nueva celebrada por su sobrino, Padre José Mayer Paine, y no lo criticó por el hecho de celebrarla; dijo a la familia de su chofer que podían asistir tranquilamente; en el curso de la visita ad limina, con el Padre Fernando Areas Rifán, su secretario, en 1980 en Roma, asistió en las Basílicas a las Misas celebradas por Obispos de Brasil que acompañaba en esta visita; instituyó laicos como ministros de la eucaristía para la nueva Misa, en el convento Redentorista, y publicó todo en el boletín diocesano.
Mons. de Castro Mayer no hubiera hecho esto, no hubiera podido hacer nada de esto, si hubiese considerado pecaminosa la nueva Misa. Y sería injusto e insensato acusarlo de traición o de haber cedido al liberalismo y modernismo doctrinal.
Mons. Marcel Lefebvre asistió, en hábito coral, a la nueva Misa con ocasión de los funerales de su primo en Lille. Envió en representación suya al Padre du Chalard a asistir a la consagración episcopal del cardenal Stickler en la Capilla Sixtina, celebrada por el Papa durante una Misa nueva.
Si consideramos, dice Mons. Lefebvre, esta liturgia reformada como herética e inválida (...) es evidente que nos está prohibido participar en estos ritos reformados ya que participaríamos de un acto sacrílego. Esta opinión puede ser sostenida con argumentos serios, pero no del todo evidentes. Por eso, me parece imprudente afirmar que pecan gravemente todos los que participan, de cualquier modo, en el rito reformado (...)” (Mons. Lefebvre, “El golpe maestro de Satanás”- respuesta a diversas cuestiones de actualidad).
En su carta del 8 de marzo de 1980 al Papa Juan Pablo II, Mons. Lefebvre escribe: “Por lo que mira a la Misa del Novus Ordo, a pesar de todas las reservas que tenemos hacia ella, nunca hemos dicho que fuera en sí inválida o herética”. En una carta del 4 de abril de 1981, escribe al Cardenal Seper, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe: “Por lo que mira a la reforma litúrgica, yo mismo he firmado el decreto conciliar y nunca he dicho que su aplicación fuera en sí inválida o herética”.
Durante una conferencia a los seminaristas de Ecône, con ocasión de su vuelta a la familia por vacaciones, conferencia registrada en casette (23 de diciembre de 1974, después de su famosa declaración de ruptura del 21 de noviembre), permitió y aconsejó a los seminaristas, asistir a la Misa nueva durante las vacaciones, celebrada por sacerdotes serios, para no escandalizar a las familias, y condenó a quienes los criticaban por eso.
He aquí un fragmento: “(...) La Misa, pienso que corresponde a cada uno de ustedes juzgar según las circunstancias. Puede suceder, según mi parecer, puede suceder que sea mejor asistir a una Misa que no es la Misa tradicional, a causa de ciertas circunstancias que se estimen en el momento suficientemente graves como para ir. (...) En numerosas circunstancias se está obligado a juzgar las cosas no de manera absoluta, sino según la realidad de las cosas, según la realidad de los hechos. Y ponderar el caso. Hay que sopesar las cosas. ¿Hay ventajas o inconvenientes morales para mí en asistir a la Santa Misa según el Novus Ordoque será celebrada en tal parroquia, o hay mayores ventajas morales en no asistir? Son ustedes los que deben valorar las circunstancias. Pero yo pienso que no hay inconvenientes en asistir, sobre todo ‘per modum actus’, no de manera habitual. Por ejemplo, cuando durante sus vacaciones deben asistir a causa de sus padres o por sacerdotes que conocen bien y que son amigos de Ecône, que hacen colectas para Ecône (...), creo que moralmente no hay pecado en asistir a tales Misas, y que incluso puede ser útil, en el sentido de que ese sacerdote puede decir ‘hay un seminarista de Ecône que viene, lo animo, estoy en su favor y deseo que hayan sacerdotes como los de Ecône’. Son casos especiales, casos difíciles, y es por eso que no me siento, a fin de cuentas, en el deber moral de decir que no hay que asistir más a una Misa nueva. Si en conciencia y con todas las circunstancias en que se hallan, piensan que para ustedes es mejor así, que pueden hacerlo, háganlo. No los obligo a asistir a una Misa de este tipo, pero si un seminarista me dice: ‘no puedo obrar de otra manera, las circunstancias me parecen tales que me obligan a asistir a una de estas Misas’, no lo condeno. Y les pido entre ustedes no condenarse si escuchan que un seminarista estuvo en la Misa nueva creyendo que debía ir. Déjenlo con su conciencia. Y cuanto digo hoy es más severo que lo que decía uno o dos años antes. A menudo hay personas que son más duras y ciertos amigos nuestros tradicionalistas que son más duros. (...) En un extremismo”. Aquí termina la cita de Mons. Lefebvre. ¡Nadie osará acusar a Mons. Antonio de Castro Mayer o a Mons. Lefebvre de liberalismo o de connivenciacon el modernismo!
Y si, según Mons. Lefebvre, un seminarista de Ecône puede valorar las circunstancias para asistir a la Misa nueva, un Obispo, con la gracia de estado que le es propia, ¿acaso no puede valorar las circunstancias de conveniencia?
Y si Mons. Lefebvre no condena a quien considera mejor ir a la nueva Misa y prohíbe que se lo condene, diciendo que hay que dejarlo seguir su conciencia, ¿por qué condenar a un Obispo que toma la misma decisión?
Y si las circunstancias de tal decisión, como el ganar las simpatías de Ecône, justifica la presencia de seminaristas en la nueva Misa, la coronación solemne de la Patrona de Brasil en el santuario nacional, ¿no jutificará la presencia de un Obispo de la Tradición?
Además, ¿qué pecado cometió Mons. Rifán presenciando esta ceremonia? ¿Acaso participó en un culto sacrílego o herético? ¿Porqué acusarlo de traición o de consentir a todo lo que pudo suceder durante esta Misa independientemente de su voluntad y aprobación? Su presencia reviste el mismo significado que la de Mons. Marcel Lefebvre o Mons. de Castro Mayer en circunstancias similares. Nada más. Toda otra conclusión es juicio temerario e insinuación maliciosa. Según esta lógica maliciosa tendríamos que concluir que cuantos critican su presencia están contra la Coronación de Nuestra Señora y la conmemoración de su Inmaculada Concepción.

Algunos de quienes atacan a la Administración afirman que este hecho, que consideran un pecado, es el precio pagado por el acuerdo con Roma. En realidad, la unión jurídica con la Santa Sede, el reconocimiento y unión con Roma de los sacerdotes y fieles de la Unión Sacerdotal San Juan María Vianney, fue realizada por una cuestión de necesidad de conciencia, una cuestión de doctrina, una exigencia de la teología católica que exige la unión con la jerarquía de la Iglesia, y no solo un acuerdo práctico y un intercambio de cortesía. Esto es un dogma de fe católica: “Declaramos, afirmamos y definimos ser necesario a toda criatura humana, para la salvación del alma, estar sometido al Romano Pontífice” (Bonifacio VIII, Unam Sanctam). Como el Santo Padre, el Papa, manifestó claramente su voluntad de crear una Administración Apostólica para los sacerdotes y fieles de Campos, con todo derecho a conservar la Liturgia y la disciplina tradicional, con parroquias, un seminario, institutos religiosos, un Obispo e independencia de las otras diócesis, algo perfectamente tradicional, hubiera sido rebelión negarse a la voluntad del Papa. Y con este ofrecimiento no subsiste más el estado de necesidad que justificaba un ministerio extraordinario. No se puede rechazar, por estrategia, una determinación de la Santa Sede de acuerdo con la Tradición, que hace posible la legalización jurídica que permite la inserción en la unidad jerárquica. El gran don recibido con este reconocimiento fue la tranquilidad de las conciencias católicas de los sacerdotes y fieles de Campos que conservan la tradición litúrgica y disciplinaria de la Iglesia en perfecta comunión con la Iglesia jerárquica. El precio más alto fue el pagado por quienes rechazaron y todavía hoy rechazan la clara voluntad del Santo Padre: un gran peligro de cisma acompañado por varios errores doctrinales que justificarían esta posición errónea, con riesgo de condenación eterna.
¿Porqué atacar así al único Obispo actualmente consagrado con la Misa tradicional y para la Misa tradicional, que dirige una Administración Apostólica que tiene como rito propio la Misa tradicional? ¿Porqué tratar de desanimarlo en modo tan impío? ¿Acaso no se colabora de este modo con los enemigos de la liturgia tradicional? Tratar de perjudicar a la Administración Apostólica, ¿no es acaso perjudicar a la Misa tradicional?
Como escribió Mons. Rifán al Dr. Michael Davies (R.I.P.), ya presidente de Una Voce Internacional, el 2 de mayo de 2004: “Es tristísimo que haya tantas personas que se dicen tradicionalistas, que se ocupan más de atacar a otros miembros de nuestro movimiento que en luchar por la tradición. Su apostolado único y valiente es un modelo para los católicos tradicionales del mundo entero. Estoy perfectamente de acuerdo con usted en el hecho de que la nueva Misa no puede ser considerada sacrílega o intrínsecamente perversa (...)”.
El P. Didier Bonneterre, de la Fraternidad San Pío X, da una buena advertencia en el prólogo de su libro “El movimiento litúrgico”, con prefacio de Mons. Lefebvre: “Quisiéramos poder preservar a nuestros lectores de una cierta moda intelectual que se difunde como una peste en nuestros ambientes considerados tradicionales: el espíritu de contradicción por la opinión más extrema, que hace buscar a toda costa la opinión más dura, como si la verdad de una proposición dependiera de un prejuicio voluntarista de estar contra lo que sea”. Nos preguntamos: ¿qué fruto espiritual puede sacarse de todos estos ataques sistemáticos contra el Santo Padre, la Administración Apostólica y la Misa?
A cuantos, a pesar de esto, quieren seguir defendiendo posiciones heterodoxas y seguir en el camino del cisma, proponemos estas palabras de San Agustín: “Nadie puede alcanzar la salvación si no entra en la Iglesia Católica. Fuera de la Iglesia se puede hacer de todo, excepto salvarse. Se pueden tener honores, sacramentos, cantar el Alleluia, responder Amén, decir En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’, y también rezar, pero no se puede nunca, excepto en la Iglesia Católica, alcanzar la salvación” (Sermo ad Caesariensis Ecclesiae plebem).
Padre Gaspar Samuel Coimbra Pelegrini
Vocero de la Administración Apostólica San Juan María Vianney - Diócesis de Campos, Brasil.

Fuente: "Sodalitium"

sábado, 14 de julio de 2012

Oración a Pio XII


Oh Jesús, Pontífice eterno, que os dignasteis elevar a vuestro servidor fiel, Pio XII, a la suprema dignidad de Vicario vuestro en la tierra, y le concedisteis la gracia de ser un intrépido defensor de la fe, un valeroso propulsor de la justicia y de la paz, un celoso glorificador de vuestra Santísima Madre y un ejemplo luminoso de caridad y de todas las virtudes, dígnate, en virtud de sus méritos, concedernos las gracias que pedimos, a fin de que, confiados en su eficaz intercesión ante Vos, podamos verlo un día elevado a la gloria de los altares.
Amén
Imprimatur:
V. Petrus Canisius
Vic. Gen. Civit. Vatic.
die 8 Decembris 1958