domingo, 20 de julio de 2008

+Misa en Mar del Plata durante las vacaciones+


El buen samaritano

DOMINGO XII DE PENTECONTES


Se los invita a participar de la Santa Misa Cantada, el domingo 3 de agosto de 2008, a las 17 horas, en la Capilla Divino Rostro, ubicada en las calles Almafuerte y Sarmiento, Mar del Plata.

La Celebración de esta Misa, según la Forma Extraordinaria del Rito Latino, ha sido autorizada por decreto del Sr. Obispo de Mar del Plata.

Nichán Eduardo Guiridlian Guarino
nichaneguiridlian@gmail.com.ar

sábado, 12 de julio de 2008

El gran problema de la Iglesia: el clero


Cuantos católicos de Misa dominical, e incluso diaria, que desconocen las más elementales verdades de fe. Cuantos otros, están hoy alejados de la práctica sacramental. Muchos más aún, se han olvidado totalmente de Dios.

Nada es casual, y todo tiene su razón de ser. Los católicos estamos perdiendo nuestra identidad, porque hemos olvidado la doctrina y la tradición. No quedan dudas: nuestros pastores han fallado. De esta crisis, ellos son los únicos responsables. No lo son los ni los gobiernos abversos a la Iglesia, ni la masonería ni los acatólicos. No busquemos chivos expiatorios. El mal viene de dentro. El clero está corrompido: ha renegado de la Tradición Católica, en pos de "aggiornarse".

Realidades como el Juicio Final, el Purgatorio o el Infierno, dogmas como la Infalibilidad Pontificia y la Inmaculada Concepción; la Confesión Sacramental y los Preceptos Morales, están ausentes en sermones y las clases de catecismo. Nuestros pastores han optado por ocultar a los fieles gran parte del Depósito de la Fe. De este modo, Nuestro Señor que ha sido azotado, coronado de espinas y clavado en la cruz, ahora es también amordazado. Sus enseñanzas son sometidas a una descarada censura, por parte de aquellos mismos que deben difundirlas.

Resulta evidente el desprecio de los clérigos por el Magisterio de los Papas y la desobediencia a sus directivas. "Se acata, pero no se cumple"...y mucho menos se enseña, podríamos agregarle. No vaya a ser que los fieles se escandalicen.

Cuando los obispos, siendo desobedecidos por el presbiterio, temen ejercer su autoridad para restaurar el orden, toda la estructura jerárquica se resquebraja. Es así, que mientras el clero omite la enseñanza de la doctrina, o peor aún, predica auténticas herejías, los obispos permanecen en silencio. Nefastos pues son los resultados: los fieles laicos quedan sumidos en la más profunda ignorancia, los sacerdotes van perdiendo su fe y el culto se convierte en una mera reunión social. Diganme, amigos míos, si no es esto el preludio de una apostasía general.

El clero se ha secularizado; la doctrina se ha diluido y el culto se ha vuelto vacío. El relativismo se fue arraigando poco a poco en el seno de la Iglesia. Y la que en otro tiempo era una Madre fecunda, pareciera haberse convertido en una anciana estéril.

La población de católicos en Europa, disminuye aceleradamente. El continente, que ha Evangelizado tres cuartos del mundo, se encuentra espiritualmente devastado. Los hijos han renegado de su Madre.

La imagen de la Iglesia se ha desfigurado de tal modo, que bien podría aplicársele las palabras del Profeta: "Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres" (Is. 52, 15). Son estas, las mismas frases, que se refieren a los sufrimientos de Nuestro Señor en su pasión. Es que como El, la Santa Iglesia, está hoy en la Cruz. Parece ocultarse su origen divino. Un velo de fragilidad, debilidad, y miserias, cubre su verdadera grandeza, pureza y santidad.

Es pues urgente, una reforma integral de la jerarquía eclesiástica, que la devuelva a la obediencia al Santo Padre y al Magisterio de la Iglesia. De igual manera resulta imperiosa, la revisión de los medios de formación de los seminaristas.

Sin sacerdotes fieles y comprometidos con la Verdad, resultará imposible atraer a la Fe Verdadera a tantas almas alejadas. Solo así, la Iglesia que hoy está en la Cruz con Cristo, podrá Resucitar con El, y recuperar su antiguo esplendor.

Desde aquí solo nos queda rezar. Rezar por el Santo Padre. Rezar por tantos sacerdotes justos, que con su trabajo silencioso sirven a Jesucristo con fidelidad. Rezar por muchos otros, que perdieron la Fe, por su conversión.


¡Perdona a tu pueblo, Señor!


Nichán Eduardo Guiridlian Guarino


nichaneguiridlian@gmail.com.ar


Publicado en Juventutem de Argentina

lunes, 7 de julio de 2008

Santa Misa en Mar del Plata - Capilla Divino Rostro


Se los invita a participar de la Santa Misa Cantada, el domingo 13 de julio de 2008, a las 17 horas, en la Capilla Divino Rostro, calles Almafuerte y Sarmiento, Mar del Plata.
La celebración de esta Misa, según la Forma extraordinaria del Rito Latino, ha sido autorizada por decreto del Sr. Obispo de Mar del Plata.
Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

sábado, 28 de junio de 2008

La restauración litúrgica está en marcha


El Maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, Monseñor Guido Marini, ha concedido una entrevista a L´Osservatore Romano en la persona de Gianluca Biccini. En ella habla sobre temas variados referidos a la liturgia de Benedicto XVI. Traducimos el texto cuyo original italiano hemos tomado de la edición cotidiana del mencionado medio informativo del día 26 de junio.

Desde el 29 de junio cambia el palio usado por Benedicto XVI para las celebraciones litúrgicas solemnes. El que usará el Papa para la Misa de los Santos Pedro y Pablo será de forma circular cerrada, con dos extremos que cuelgan en mitad del pecho y de la espalda. Su forma resultará más amplia y más larga, mientras que será conservado el color rojo de las cruces que lo adornan.



¿Cuáles son los elementos de continuidad y cuales los de innovación, respecto al pasado?


A la luz de cuidadosos estudios, con relación al desarrollo del palio en el curso de los siglos, parece que se puede afirmar que el palio amplio y cruzado sobre el hombro izquierdo no se ha usado en Occidente desde el siglo IX. De hecho, la pintura que se encuentra en el Sacro Speco de Subiaco, que se remonta aproximadamente al año 1219 y que representa al Papa Inocencio III con este tipo de palio, parece un “arcaísmo” consciente. En este sentido, el uso del nuevo palio intenta satisfacer dos requisitos: sobre todo, enfatizar más fuertemente el continuo desarrollo que esta vestidura litúrgica ha tenido a lo largo de más de doce siglos; en segundo lugar, uno de carácter práctico, en cuanto que el palio usado por Benedicto XVI desde el inicio del pontificado ha comportado diversos y fastidiosos problemas desde este punto de vista.






¿Permanecen las diferencias entre el palio papal y aquel que el Pontífice impone a los arzobispos?





La diferencia se mantiene también en el palio actual. El que será usado por Benedicto XVI a partir de la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo retoma la forma del palio usado hasta Juan Pablo II, si bien con una forma más amplia y más larga, y con el color rojo de las cruces. La forma del palio papal, diferente de la que usan los (arzobispos) metropolitanos pone de manifiesto la diversidad de jurisdicción significada por el palio.

Desde hace algunos meses ha cambiado también el báculo que usa el Papa en las celebraciones. ¿Cuáles son los motivos de esta elección?

El báculo dorado con forma de cruz griega – perteneciente al Beato Pío IX y que Benedicto XVI usó por primera vez el Domingo de Ramos de este año – es ahora utilizado constantemente por el Pontífice que ha decidido así sustituir aquel de plata que terminaba en crucifijo, introducido por Pablo VI y utilizado también por Juan Pablo I, Juan Pablo II y por él mismo.

Tal elección no significa simplemente un retorno a lo antiguo, sino que testimonia un desarrollo en la continuidad, un enraizamiento en la tradición que permite avanzar ordenadamente en el camino de la historia. Este báculo, denominado férula, responde de hecho en modo más fiel a la forma del báculo papal típico de la tradición romana, que ha sido siempre en forma de cruz y sin el Crucificado, al menos desde que el báculo entró en el uso de los Romanos Pontífices. No hay que olvidar, además, un elemento de practicidad: la férula de Pío IX resulta más ligera y fácil de manejar que el báculo introducido por Pablo VI.





¿Y el báculo confeccionado por Lello Scorzelli para el Papa Montini a mitad de los años sesenta?


Permanece a disposición de la sacristía pontificia, junto a tantos objetos pertenecientes a los predecesores de Benedicto XVI.




¿El mismo discurso es válido para la elección de los ornamentos usados por el Papa en las diversas celebraciones?


También en este caso hay que decir que las vestiduras litúrgicas adoptadas, como incluso algunos detalles del rito, intentan subrayar la continuidad de la celebración litúrgica actual con aquella que ha caracterizado en el pasado la vida de la Iglesia. La hermenéutica de la continuidad es siempre el criterio exacto para leer el camino de la Iglesia en el tiempo. Esto vale también para la liturgia. Así como un Papa cita en sus documentos a los Pontífices que lo han precedido a fin de indicar la continuidad del Magisterio de la Iglesia, así en el ámbito litúrgico un Papa usa también vestiduras litúrgicas y objetos sagrados de los Pontífices que lo han precedido para indicar la misma continuidad también en la lex orandi. Quisiera, no obstante, hacer notar que el Papa no usa siempre vestiduras litúrgicas antiguas. A menudo, usa vestiduras modernas. Lo importante no es tanto la antigüedad o la modernidad, sino la belleza y la dignidad, componentes importantes de toda celebración litúrgica.





Un ejemplo se tiene en los viajes dentro y fuera de Italia, donde los ornamentos papales son predispuestos por las Iglesias locales…


Ciertamente. Basta pensar en el viaje a Estados Unidos, o en los de Italia, primero en Génova y luego en el Salento. En ambos casos, fueron las diócesis las que prepararon las vestiduras litúrgicas del Papa, en acuerdo con la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. En la variedad de los estilos y con atención a elementos característicos locales, el criterio adoptado ha sido el de la belleza y dignidad, dimensiones típicas de la acción sagrada que se realiza en la celebración eucarística.



En este punto, ¿podría anticiparnos algún aspecto litúrgico particular del próximo viaje internacional?



Puedo decir que el tiempo de la preparación ha sido muy fructífero y la colaboración encontrada en Australia muy cordial y disponible. El Papa Benedicto XVI encontrará una vez más a los jóvenes de todo el mundo y todos rezamos para que de nuevo este encuentro pueda ser motivo de gran gracia para todos, una ocasión para conocer con más intensidad el rostro de Jesús y el rostro de la Iglesia, un estímulo para una respuesta pronta y generosa a la llamada del Señor. El deseo es que también las celebraciones litúrgicas, preparadas con cuidado y verdaderamente participadas, en cuanto vividas desde el corazón, sean una ocasión privilegiada para recibir esta gracia.




¿Qué nos puede decir sobre el trono papal, utilizado en ocasiones como el consistorio, y de la cruz repuesta en el centro del altar?


El denominado trono, usado en particulares circunstancias, quiere simplemente resaltar la presidencia litúrgica del Papa, sucesor de Pedro y Vicario de Cristo. En cuanto a la posición de la cruz en el centro del altar, indica la centralidad del crucificado en la celebración eucarística y la orientación exacta que toda la asamblea está llamada a tener durante la liturgia eucarística: no nos miramos a nosotros, sino a Aquel que por nosotros nació, murió y resucitó, el Salvador. Del Señor viene la salvación, Él es el Oriente, el Sol naciente, al que todos debemos dirigir la mirada, del que todos debemos recibir el don de la gracia. La cuestión de la orientación litúrgica en la celebración eucarística, e incluso el modo práctico en que ésta toma forma, tiene una gran importancia porque con ella viene transmitido un dato fundamental, teológico y antropológico, eclesiológico e inherente a la espiritualidad personal.





¿Es éste el criterio para entender la decisión de celebrar en el altar antiguo de la Capilla Sixtina, con ocasión de la fiesta del Bautismo del Señor?


Exactamente. En las circunstancias en las cuales la celebración tiene lugar según esta modalidad, no se trata tanto de volver la espalda a los fieles, sino más bien de orientarse junto a ellos hacia el Señor. Desde ese punto de vista “no se cierra la puerta a la asamblea” sino que “se le abre la puerta”, conduciéndola al Señor. Se pueden verificar circunstancias particulares en las cuales, por las condiciones artísticas del lugar sagrado y de su singular belleza y armonía, sea deseable celebrar en el altar antiguo, donde se conserva la orientación exacta de la celebración litúrgica. No nos deberíamos sorprender: basta ir a [la basílica de] San Pedro por la mañana y ver cuántos sacerdotes celebran según el rito ordinario, emanado de la reforma litúrgica, pero sobre altares tradicionales y, por lo tanto, orientados como el de la Sixtina.






En la reciente visita a Santa María de Leuca y Brindisi, el Papa ha distribuido la Comunión a los fieles en la boca y de rodillas. ¿Es una praxis destinada a convertirse en habitual en las celebraciones papales?


Pienso que sí. En este sentido, no debemos olvidar que la distribución de la Comunión sobre la mano permanece todavía, desde el punto de vista jurídico, como un indulto a la ley universal, concedido por la Santa Sede a aquellas conferencias episcopales que así lo hayan pedido. La modalidad adoptada por Benedicto XVI tiende a subrayar la vigencia de la norma válida para toda la Iglesia. Además, podríamos ver también una preferencia por el uso de esta modalidad de distribución que, sin quitar nada a la otra, ilumina mejor la verdad de la Presencia Real en la Eucaristía, ayuda a la devoción de los fieles, e introduce con más facilidad en el sentido del misterio. Aspectos que, en nuestro tiempo, pastoralmente hablando, es urgente acentuar y recuperar.





¿Qué responde el maestro de las celebraciones litúrgicas a quienes acusan a Benedicto XVI de querer imponer así modelos preconciliares?




Antes que nada, me gusta subrayar la adhesión cordial y convencida que se advierte también en relación al magisterio litúrgico del Santo Padre





En lo que respecta a términos como “preconciliares” y “postconciliares” utilizados por algunos, me parece que pertenecen a un lenguaje ya superado y, si son usados con el intento de indicar una discontinuidad en el camino de la Iglesia, considero que son errados y típicos de visiones ideológicas muy reductivas. Hay “cosas antiguas y cosas nuevas” que pertenecen al tesoro de la Iglesia de siempre y que, como tales, deben ser tenidas en consideración.

El sabio sabe reencontrar en su tesoro los unos y los otros, sin recurrir a otros criterios que no sean los evangélicos y eclesiales. No todo aquello que es nuevo, es verdadero, como tampoco lo es todo aquello que es antiguo. La verdad atraviesa lo antiguo y lo nuevo, y es a ella a la que debemos tender sin prejuicios. La Iglesia vive según la ley de la continuidad, en virtud de la cual conoce un desarrollo enraizado en la Tradición. Lo que más importa es que todo conduzca a que la celebración litúrgica sea verdaderamente la celebración del misterio sagrado, del Señor crucificado y resucitado que se hace presente en su Iglesia reactualizando el misterio de la salvación y llamándonos, en la lógica de una auténtica y activa participación, a compartir hasta las últimas consecuencias su misma vida, que es don de amor al Padre y a los hermanos, vida de santidad.





Aún hoy el motu proprio Summorum Pontificum, sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970, parece dar lugar a interpretaciones contrastantes. ¿Se puede esperar que el Papa presida celebraciones según la forma extraordinaria, es decir, la antigua?



Se trata de una pregunta a la que no sé dar respuesta. En cuanto al motu proprio citado, considerándolo con serena atención y sin visiones ideológicas, junto a la carta dirigida por el Papa a los obispos de todo el mundo para presentarlo, pone de relieve una precisa doble finalidad.



Antes que nada, facilitar el logro de “una reconciliación en el seno de la Iglesia”; y, en este sentido, como ha sido dicho, el motu proprio es un bellísimo acto de amor hacia la unidad de la Iglesia. En segundo lugar – un dato que no debemos olvidar – su finalidad es favorecer un recíproco enriquecimiento entre las dos formas del Rito Romano: en modo tal que, por ejemplo, en la celebración según el misal de Pablo VI (que es la forma ordinaria del Rito Romano) se pueda “manifestar, en un modo más intenso de cuanto se ha hecho a menudo hasta ahora, aquella sacralidad que atrae a muchos hacia el uso antiguo”.

Fuente: La Buhardilla de Jerónimo

http://la-buhardilla-de-jeronimo.blogspot.com/2008/06/la-hermen-de-la-continuidad-y-la.html

Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

martes, 24 de junio de 2008

La Santa Sede y la FSSPX


Artículo de Andrea Tornielli en Il Giornale de hoy Jun-23-2008.

En las relaciones entre la Santa Sede y los Lefebvrianos el conteo regresivo ha comenzado: para este 28 de Junio, la Fraternidad de San Pío X, fundada por el Arzobispo francés que no resistiría la reforma liturgica postconciliar, tendrá de hecho que decidir si acepta las cinco condiciones propuestas por el Vaticano para reentrar en plena comunión con Roma. Hace algunos días, el superior de los Lefebvrianos, el Obispo Bernard Fellay, se reunió con el Cardenal Darío Castrillón Hoyos, presidente de la Comisión Ecclesia Dei, que se encarga de parte de Benedicto XVI de las negociaciones con el grupo tradicionalista. Fellay, quien previamente había escrito al Papa pidiendo la revocación de la excomunión impuesta por Juan Pablo II en 1988 a Lefebvre y a los cuatro nuevos obispos que quizo consagrar sin el consentimiento de la Santa Sede (entre los cuales Fellay mismo), ha recibido una carta con los cinco puntos fijados por el cardenal [Castrillón] y los discutirá durante el proximo capítulo de la Fraternidad, a llevarse a cabo a fin de mes.

Nunca como en este momento las negociaciones habían alcanzado proximidad de acuerdo tal que sane el mini-cisma que se formó por ya dos decadas, permitiendo el pleno reingreso de los Lefebvrianos en la comunión Católica. Entre los puntos que la Santa Sede les pidio firmar, estaría, según las indiscreciones escuchadas, la aceptación del Concilio Vaticano II y la declaración de la plena validez de la Misa de acuerdo a la liturgia reformada: dos condiciones que Lefebvre ya había firmado con el entonces cardenal Joseph Ratzinger en 1988. El Vaticano por su parte, ofrece al grupo tradicionalista un encuadramiento canónico similar al del Opus Dei, vale decir, una «prelatura», que permitiría a la Fraternidad continuar su actividad y formar sus seminaristas.

El camino de reavecinamiento había comenzado en 2000, cuando los Lefebvrianos hicieron un peregrinaje jubilar a Roma. Seguido por una breve audiencia concedida por el Papa Wojty?a a Monseñor Fellay y el inicio de unas largas y laboriosas tratativas con el Cardenal Castrillón. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Los Lefebvrianos pidieron, antes de dar cualquier paso hacia un acuerdo, que el antiguo Misal preconciliar, que cayó en desuso después de la reforma liturgica, fuera liberalizado. El nuevo Papa, Benedicto XVI, particularmente sensible a estos temas, hace un año publicó el Motu Proprio que declara la plena ciudadanía de la antigua Misa permitiendola en todas las parroquias, sustrayendo de hecho al obispo la posibilidad de prohibirla. La aplicación de las nuevas directivas papales no ha sido fácil, ha habido mucha resistencia —algunas escandalosas, como se sabe— pero sin duda, declarando la existencia de un rito romano extraordinario (el antiguo) y uno ordinario (el reformado), el Papa ha autorizado en toda la Iglesia y sin restricciones la celebración tridentina. Más aún, Ratzinger ha reintroducido la cruz al centro del altar, ha comenzado a distribuir la comunión a los fieles de rodillas, ha restaurado antiguas vestiduras: todas señales que van en la dirección de dar énfasis a la continuidad de la tradición.

Condiciones así favorables para una reentrada en la plena comunión, con toda probabilidad no se repetiran más. Muchos fieles, ahora que han obtenido la Misa en el rito antiguo, no comprendene el por qué la Fraternidad no hace la paz definitivamente con Roma. Los Lefebvrianos se han dado cuenta lo que esta pasando, aún si Fellay tiene problemas de resistencia interna. La elección es si hacer un acuerdo y reentrar en plena comunión con la Santa Sede, o más bien permanecer en un pequeño cuerpo separado con el riesgo de transformarse en un grupusculo sectario y sin influencia.


domingo, 13 de abril de 2008

La falta de espiritualidad lleva a abusos litúrgicos





Entrevista al responsable de una comunidad en Brasil que celebra la misa antigua, publicada por ZENIT


CAMPOS (Río de Janeiro), jueves, 3 abril 2008 (ZENIT.org).- El obispo de una comunidad brasileña que celebra la misa antigua (forma litúrgica extraordinaria del Rito Romano, denominada tridentina o de San Pío V) considera que los abusos en la liturgia se deben a la «falta de una seria espiritualidad».


«La Santa Misa atrae por sí, por su sacralidad y su misterio», afirma monseñor Fernando Arêas Rifan, administrador apostólico de la Administración Apostólica Personal San Juan María Vianney.


En esta entrevista concedida a Zenit, el obispo habla, entre otras cosas, de la belleza y de la riqueza de la Misa antigua, cuya facultad de celebrar ha sido extendida por Benedicto XVI a toda la Iglesia con el motu proprio «Summorum Pontificum» del 7 de julio de 2007.

La Administración Apostólica Personal de San Juan María Vianney es una circunscripción eclesiástica equiparada por el derecho a las diócesis e inmediatamente sujeta a la Santa Sede, según el canon 368 y el decreto «Animarum Bonum».


Su fundador fue el obispo Licínio Rangel, quien fue consagrado por tres obispos ordenados ilícitamente por el obispo fallecido Marcel Lefebvre, fundador de la Fraternidad de San Pío X. El carácter cismático de la ordenación rompió la comunión plena con Roma.

Su regreso al seno de la Iglesia católica tuvo lugar el 18 de enero de 2002, en una ceremonia solemne presidida por el representante de Juan Pablo II, el cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación vaticana para el Clero.



--En su Administración Apostólica se celebra la misa antigua del Rito Romano (precedente a la reforma de 1970). ¿Cuáles son las características de este tipo de misa?


--Monseñor Fernando Rifan: Hay varios motivos de este amor, de la preferencia y de la conservación de la forma extraordinaria de la Liturgia Romana. El entonces cardenal Joseph Ratzinger, nuestro actual Papa, hablando a los obispos chilenos en Santiago, el 13 de julio de 1988 los sintetizó de este modo: «Aunque hay numerosos motivos que pueden haber llevado a un gran número de fieles a encontrar refugio en la liturgia tradicional, el más importante es que allí encuentran preservada la dignidad de lo sagrado».

De hecho, por su riqueza, belleza, elevación, nobleza y solemnidad de las ceremonias, por su sentido de lo sagrado y reverencial, por su sentido de misterio, por su mayor precisión y por el rigor -ofreciendo así más seguridad y protección contra los abusos, sin dejar espacio a ambigüedades, a la libertad, creatividad, adaptaciones, reducciones y manipulaciones (como lamentaba el Papa Juan Pablo II en la encíclica «Ecclesia de Eucharistia»)-- y siendo para nosotros la mejor expresión litúrgica de los dogmas eucarísticos y sólido alimento espiritual, es una de las riquezas de la liturgia católica, con la que expresamos nuestro amor y nuestra comunión con la santa Iglesia. Y la Santa Sede reconoce esta adhesión nuestra como perfectamente legítima.

--¿La misa antigua podría ser más promovida en la vida de la Iglesia, aunque en forma extraordinaria, como señala y permite el motu proprio «Summorum Pontificum»? ¿Qué beneficios aportaría?



--Monseñor Fernando Rifan: Este era ya el deseo del Santo Padre Juan Pablo II, cuando afirmó en su motu proprio «Ecclesia Dei adflicta» del 2 de julio de 1988: « A todos esos fieles católicos que se sienten vinculados a algunas precedentes formas litúrgicas y disciplinares de la tradición latina, deseo también manifestar mi voluntad - a la que pido que se asocie la voluntad de los obispos y de todos los que desarrollan el ministerio pastoral en la Iglesia - de facilitar su vuelta a la comunión eclesial a través de las medidas necesarias para garantizar el respeto de sus justas aspiraciones... Además, se habrá de respetar en todas partes, la sensibilidad de todos aquellos que se sienten unidos a la tradición litúrgica latina, por medio de una amplia y generosa aplicación de las normas emanadas hace algún tiempo por la Sede Apostólica, para el uso del Misal Romano según la edición típica de 1962».

Este deseo ha sido ahora reforzado y ampliado al mundo entero por el Papa Benedicto XVI con el motu proprio «Summorum Pontificum».

Los beneficios de la reintroducción y de la difusión de la Iglesia de esta forma extraordinaria del Rito Romano han sido ya mencionados por el Papa actual en su motu proprio, cuando dice que en la celebración de la Misa según el Misal de Pablo VI se podrá manifestar, de manera más intensa, esa sacralidad que atrae a muchos hacia la tradición antigua. Es exactamente lo que ha subrayado el cardenal George de Chicago: «...el mismo Santo Padre, hace tiempo, llamó nuestra atención sobre la belleza y la profundidad del Misal de San Pío V... La liturgia de 1962 es un rito autorizado de la Iglesia católica y una fuente valiosa de comprensión litúrgica para todos los otros ritos.. Esta liturgia pertenece a la Iglesia entera como un vehículo del espíritu que se debe irradiar también en la celebración de la tercera edición típica del Misal Romano actual» (cardenal Francis George, arzobispo de Chicago, Estados Unidos, en el prólogo a las Actas del Coloquio 2002, «La liturgia y lo sacro», del CIEL, Centro Internacional de Estudios Litúrgicos).

Cuando participé, en agosto de 2007, en el Congreso de Oxford, reunido para enseñar la celebración de la Misa en la forma extraordinaria a los más de 60 sacerdotes diocesanos del Reino Unido allí presentes, el arzobispo de Birminghan, monseñor Vincent Nichols, dijo en la misa solemne de apertura a los sacerdotes participantes que, tras haber aprendido la misa en la forma antigua, aunque en sus parroquias celebraran la misa en el rito actual de Pablo VI, la celebrarían de todos modos mucho mejor. Creo que es un beneficio auspiciado por el Papa en el motu proprio «Summorum Pontificum».

--¿Qué indicaciones da usted para evitar la escasa atención y respecto por la liturgia?

--Monseñor Fernando Rifan: Hablando de los abusos posteriores a la reforma litúrgica, el entonces cardenal Joseph Ratzinger lamentaba que la liturgia degeneraba en un show, en el que se busca hacer la religión interesante con la ayuda de elementos de moda, con éxitos momentáneos en el grupo de los «fabricantes» litúrgicos (introducción al libro La Réforme Liturgique, de monseñor Klaus Gamber, página 6 y 8).

El cardenal Edouard Gagnon era de la misma opinión: «No se puede ignorar que la reforma (litúrgica) ha dado origen a muchos abusos y ha conducido en cierta medida a la desaparición del respeto por lo sagrado. Este hecho debe ser lamentablemente admitido y excusa a un buen número de aquellas personas que se han alejado de nuestra Iglesia y de su antigua comunidad parroquial» (...) («Integrismo y conservadurismo» - Entrevista al cardenal Cardinale Gagnon, «Offerten Zitung - Römisches «, nov. dic. 1993, p. 35)

Creo que el punto central de los abusos fue señalado por el mismo cardenal Ratzinger: la puerta dejada abierta a una falsa creatividad de los celebrantes (entrevista en L'homme Nouveau, nº 7, octubre 2001).

Detrás de esto está la falta de una seria espiritualidad, según la cual para atraer al pueblo se deben inventar novedades. La santa misa atrae por sí misma, por su sacralidad y su misterio. En el fondo, se trata de la disminución de la fe en los misterios eucarísticos a la que se trata de suplir con novedades y creatividad. Cuando el celebrante quiere convertirse en protagonista de la acción litúrgica, empiezan los abusos. Se olvida que el centro de la misa es Jesucristo.

El actual secretario de la Congregación para el Culto Divino, monseñor Albert Malcolm Ranjith, lamenta: «La santa misa es un sacrificio, don, misterio, independientemente del sacerdote que la celebra. Es importante, diría fundamental, que el sacerdote se retire: el protagonista de la misa es Cristo. No comprendo, por tanto, las celebraciones eucarísticas transformadas en espectáculos con bailes, cantos o aplausos, como lamentablemente sucede muchas veces con el Novus Ordo».


La solución a los abusos está en las normas dadas por el Magisterio, sobre todo en el documento «Redemptionis Sacramentum», del 25 de marzo de 2004, que pide que «todos procuren, según sus medios, que el santísimo sacramento de la Eucaristía sea defendido de toda irreverencia y deformación, y todos los abusos sean completamente corregidos. Esto, por lo tanto, es una tarea gravísima para todos y cada uno, y, excluida toda acepción de personas, todos están obligados a cumplir esta labor» (n. 183).

Pero, como dice monseñor Ranjith, «existen muchos documentos (contra estos abusos) que lamentablemente han quedado como letra muerta, olvidados en bibliotecas llenas de polvo, o peor aún, tirados a la papelera».

Por Alexandre Ribeiro, traducción del italiano por Nieves San Martín

Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

sábado, 5 de abril de 2008

Misa tradicional en Mar del Plata




Se los invita a la Santa Misa, el domingo 13 de abril a las 19 horas en la Capilla Divino Rostro, ubicada en las calles Almafuerte y Sarmiento. Con la participación del Coro d ela Escuela de Canto Coral.

La Celebración de esta Misa, según la Forma Extraordinaria del Rito Latino, cuenta con la autorización del Sr. Obispo de Mar del Plata.